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LA PIEL QUE HABITA ALMODÓVAR

31 agosto 2010

Treinta años después de su debut como realizador cinematográfico, Pedro Almodóvar afrontó en Galicia el inicio del rodaje de su décimo octava película, La piel que habito, una adaptación libre de la novela Tarántula, publicada en 1995 por Thierry Jonquet. Efectivamente, ha pasado mucho tiempo desde aquel mes de octubre en que estrenó Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Nadie podía adivinar entonces que aquel cineasta punk y tirando a hortera se convirtiese en el más universal de los nuestros.

Para conseguirlo, tuvo que superar varias etapas. Dejó a atrás el punk, y se entregó a los brazos de Fellini y Bergman a partir de Entre tinieblas. Tras un paso por el clasicismo pop, llegaron las etapas experimentales y vanguardistas que desembocaron en un par de cintas de carácter retrospectivo como La mala educación y Volver.

Supongo que con su anterior trabajo, Los abrazos rotos, habrá sentado las bases para incursionar en un estilo diferente, que bien pudiera ser el del cine negro, aunque las claves nos la aportará, seguramente, el estreno de este nuevo proyecto que comparte con el anterior la salida a comunidades periféricas. Si en Volver ya acudió a su Castilla La Mancha natal, luego viajó a Canarias y ahora lo hace a Galicia, como si hubiera descubierto que fuera de Madrid, o incluso de Barcelona –Todo sobre mi madre- también hay cine.

Han sido tres décadas de encantos y desencuentros. Una ascensión imparable que le iba alejando de la calle para convertirse en mejor cineasta, pero también más distante y, sobre todo, mucho más intimista. Abrazó el lujo y la lujuria y se convirtió en abanderado  del pensamiento liberal, llegando a acusar, incluso, al PP de un intento de golpe de estado.

Almodóvar es tremendamente egocéntrico y caprichoso. Sólo tiene miedo ante un estreno, y la reacción de los primeros pases le importa mucho. Luego, pasado ese trago, se envalentona y vuelve a ser él, como una diosa en su pedestal mirando al resto de los mortales por encima del hombro.

Hay otro detalle: domina el márquetin como pocos. Cuando presenta su nueva película ya hemos oído hablar de ella hasta la saciedad y ha creado en nosotros un afán consumista de primer orden que para sí lo quisiera otros, aún con mejores películas bajo el brazo.

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