IKER CASILLAS, EL TRAIDOR
Para la mayoría de aficionados al fútbol, y también para casi todos los que no lo son, Iker Casillas es el prototipo del chico bueno. Muchas madres quisieran tenerlo como hijo y, para una inmensa mayoría, se antoja el nieto perfecto. Es buen futbolista, afable en el trato, sincero, pocas veces muestra malos modos y, por si fuera poco, ha llegado a la categoría de mejor guardameta del mundo.
Aunque nadie es perfecto, parece que Iker Casillas se acerca a esa definición, pero no para todos. Muchos futbolistas de la selección española, principalmente los que viven en Cataluña, pretenden que las primas pactadas por ganar el Mundial de Suráfrica se abonen en el país en el que triunfaron sobre el césped y no en el nuestro porque –la pela es la pela- los impuestos a satisfacer serían mucho menores. A tal efecto se dirigieron a su capitán con la intención de conseguir su propósito.
Casillas recogió el guante y habló con su jefe, el seleccionador Vicente del Bosque quien, por iniciativa propia, o tras consulta a sus superiores, hizo ver a su portero titular la inconveniencia de sus reivindicaciones. Efectivamente, el título lo ganaron en tierras africanas, pero el dinero sale de las arcas de la Federación Española de Fútbol, asociación a la que pertenecen todos los internacionales que, además, tienen fijada su residencia en nuestro país, como no podía ser de otro modo.
Con la negativa por respuesta, Iker Casillas informó a todos sus compañero, quienes comenzaron a mosquearse con su capitán y algunos, incluso, no dudaron en ir más allá y tacharle de mal compañero. Llegado a este punto, uno se preguntan: ¿los futbolistas internacionales españoles representan a nuestro país o a sus intereses económicos?