EL ATLÉTICO SE DIVIERTE
En Anoeta, donde se había impuesto por 2-4 la pasada temporada, el Atlético de Madrid ha encontrado el bálsamo apropiado para soñar con encaramarse a la Champions League la próxima temporada. Con cuatro zarpazos goleó a domicilio a la Real Sociedad, no ha encajado ningún gol desde la llegada de Diego Simeone, y Falcao se ha reencontrado con el gol
El conjunto rojiblanco ya sonríe. Lo hacen sus directivos, la afición, pero también los jugadores, y eso es probablemente lo más importante para dejar atrás todos los fantasmas. Tras los dos primeros choques con Simeone en el banquillo había que esperar un partido de más enjundia o, cuando menos, con un rival que opusiera más resistencia que el Villarreal el pasado domingo. No fue la Real Sociedad ese enemigo que se esperaba. Todos sus intentos se abortaron al borde del área de un Courtois que viajó a San Sebastián prácticamente de turismo. Con tan pobre bagaje y dos fallos puntuales en defensa al comienzo de cada período fue suficiente para que los colchoneros encarrilasen la victoria.
El Atlético de Madrid ha renacido, parece otro y para ello sólo ha puesto en práctica una enseñanza perdida: el orden. Orden para que en defensa no pase apuros, orden para que en la línea media se tapen con oficio algunas carencia, y orden para aprovecharse de los espacios que deja el rival gracias a la movilidad de sus interiores y al fino estilete de Falcao, autor de tres de los cuatro goles, que ahora parece ver puerta con facilidad. Lo hace porque hay más gente arropándole y el esférico le llega en buenas condiciones.
Se le puso el santo de cara a los visitantes cuando un error de Mikel González en defensa propició un indiscutible penalti con el que el colombiano inauguraba el marcador al minuto tres. Los donostiarras acusaron el golpe y únicamente al final del primer tiempo pusieron más corazón que fútbol para acercar un poco más el balón al área de sus rivales. Luego, tras el descanso, una buena penetración de Juanfran, cada vez más asentado como lateral derecho, habilitó a Adrián para que el asturiano ejecutase a Bravo tras un doble remate.
Desde ese momento, los locales intentaron avanzar líneas y acelerar sus acciones, pero el Atlético ya se sabía dominador del encuentro. Le bastó con mantener el orden táctico y prescindir de las subidas de sus laterales. Sin embargo, el contragolpe es un arma que el conjunto del Manzanares ejecuta a la perfección casi desde que el fútbol es fútbol. En dos acciones puntuales, Radamel Falcao demostró su instinto de gol. Una de ellas, culminando una gran jugada colectica, la otra, sencillamente, haciendo gala de su calidad con una vaselina antológica. Casi sin despeinarse, los viajeros se llevaron los tres puntos de Anoeta, donde ni siquiera se enteraron que les habían pasado por encima.
Este es el camino: goleando y sin encajar tantos, con disciplina y garra, como impone su nuevo entrenador. Los atléticos, todos, sueñan pero lo más significativo es que comienzan a soñar despiertos.