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BAJO AMENAZA

24 enero 2012

Nick y Sarah mantienen una posición económica lujosa. Una noche, dos hombres uniformados llaman a la puerta y ellos lo reciben sin saber que se trataba del comienzo de una pesadilla. Los intrusos, que han vigilado a los componentes de la familia, quieren un supuesto botín millonario en dólares y diamantes.

Da la sensación de que Nicolas Cage es el tipo que más trabaja en Hollywood y su presencia en la gran pantalla se convierte para el espectador en poco más que una pesadilla. Y por si fuera poco estamos en vísperas de que se estrenen Fuera de ley y la segunda entrega de El motorista fantasma. El sobrino de Francis Ford Coppola, que en su día nos sorprendió con filmes como Corazón salvaje o Hechizo de luna y que incluso ganó un Oscar por Leaving Las Vegas, hace tiempo que, como actor, no levanta cabeza.  Dota a todos sus papeles de un dramatismo exagerado, un éxtasis convulsivo como si tuviera permanentemente el mástil de una bandera incrustado en su trasero.

En su nueva colaboración con el siempre mediocre realizador Joel Schumacher, a cuyas órdenes trabajó en Asesinato en 8 mm., no ha cambiado para nada su discurso ante las cámaras. El punto de partida del guionista Karl Gajdusek resulta interesante: si algún intruso entre en tu casa amenazándote con quitarte la vida si no le das lo que busca, en caso de negarte a sus exigencia qué otra cosa puede que aguantarse. Ni torturándole a él ni a su esposa, una irreconocible Nicole Kidman, los asaltantes consiguen su propósito. Tampoco cuando su hija regresa a casa después de una correría nocturna no autorizada.

En fin, una propuesta semejante a la española Secuestrados que, con mucho menos presupuesto y con actores de menos renombre, le da mil vueltas a este producto californiano que ni siquiera puede encajar en el grupo de usar y tirar. Dudamos que sea digna de un pase de sobremesa durante el cálido estío en cualquier canal televisivo. Realmente, es una de esas producciones que te alejan de las salas de la proyección y que justifican que la asistencia de espectadores descienda de forma paulatina. Pagar por ver Bajo amenaza es un atraco con nocturnidad y alevosía.

Si Joel Schumacher pierde el tino de la realización casi desde el primer momento, y abusa de que el jardín de la mansión en la que viven los protagonistas –dentro de una urbanización de lujo, no nos olvidemos- parece un inmenso bosque, los protagonistas no superan ni un ápice su propuesta. Nicolas Cage nos deja sin palabras por su afectación y la sublimación del método mal entendido. Nicole Kidman dista mucho de sus mejores trabajos y nos interesa mucho más cuando apuesta por proyectos arriesgados de cine independiente. La tercera pata del banco, Cam Gigandet es, probablemente, el más flojo de los tres, lo que tampoco dice demasiado en su favor. Por si fuera poco, los flashbacks que nos ofrecen resultan ser tan repetitivos como tramposos.

En estos tiempo de crisis apostar por el rodaje de películas como esta no es un atentado al buen gusto, es un ejemplo de que las agencias de raiting protegen a las empresas de Estados Unidos. A la vista está que las productoras Millenium Films y Nu Image Films debieran de tener una calificación de bono basura.

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