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LEYENDAS GALLEGAS: LA SANTA COMPAÑA

19 mayo 2010

En Galicia está muy extendida la creencia en las ánimas y que éstas se manifiestan y tienen su propia vida después de la muerte. El cepillo de las iglesias reservado a ellas suele ser el más frecuentado y se colocan también en los cruces de camino, donde los viajeros suelen rezar deteniéndose en el cruceiro correspondiente. Para las ánimas se deja encendido por la noche el fuego del hogar, considerándose un pecado grave barrer la casa después del atardecer.

En la oscuridad, pueden aparecer de formas diferentes. En una de ellas se ve un cortejo fúnebre donde el muerto es el mismo que tiene acceso a tal macabro acto. Se denomina La Visión y la persona protagonista fallece a las pocas horas. La Santa Compaña es una procesión de almas en pena donde nunca falta un cojo, el que lleva el estandarte, otro que toca la campanilla, y quien transporta el farol. En ocasiones no se percibe, pero puede respirarse el olor a cera, ya que los componentes de la Santa Compaña –Hueste o Güestia, como también se le conoce en diferentes localidades- portan una vela en sus manos que el viento jamás podrá apagar al tratarse realmente de huesos de difunto.

Esta procesión va encabezada siempre por un vivo, el primero que han visto esa noche, al que se ha entregado una cruz para su mano derecha y un caldero de agua bendita para la siniestra. Si desea librarse de ellos y abandonar tan tétrico cortejo debe entregar los atributos a otro mortal, o bien colgarlos al cuello de un perro y encerrarse en un arca llena de mijo.

Para que otro vivo no pueda coger el caldero y la cruz, debe de llevar siempre las manos cerradas, o en los bolsillos, y así eludirá cualquier posibilidad. Otras veces, los componentes de la Santa Compaña invitan a un apetitoso festín. El que acepte, resultará definitivamente atrapado y, para evadirse de tal carga, debe comer el mortal de su propia comida o simular que lo hace, razón por la cual aconsejan las madres a sus hijos que lleven siempre pan en sus bolsos, aunque se trate de migajas. También se puede librar uno de la Hueste si hace un círculo en la tierra y se mete dentro, resultando fórmula infalible que el dibujo se ejecute con rama de olivo bendito el domingo de Ramos.

Hay veces que la Santa Compaña va unida a la Visión y suele suceder que no falten los dos cortejos cuando el primero de ellos termina su recorrido acercándose a una casa, lo que significa la muerte inexorable de alguno de sus inquilinos en las horas siguientes. Si se desea saber quién será el muerto bastará con fijarse en las velas. Quien lleve la más pequeña es el elegido, pero si el observador cuenta todo lo que ha sucedido, la profecía no tendrá valor y aquélla persona que parecía condenada al abandono de este mundo vivirá todavía muchos años.

Una de las variaciones más frecuentes de la Visión se produce cuando alguien es llamado por la noche a la iglesia y se encuentra con la celebración de un funeral en la que el muerto es él mismo, y los asistentes aquellas personas fallecidas hace tiempo en el lugar.

From → Libros

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