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POLÍTICOS Y ERRORES GRAMATICALES

24 mayo 2010

Hablábamos en nuestra anterior entrada de lo mal que se habla en TV. Tanto que, como quiera que la Real Academia Española suele incorporar a su diccionario y a sus reglas el lenguaje popular, muy pronto estaremos hablando de que García Lorca o Miguel Hernández componían sus rimas en castellano antiguo. Claro que lo que sucede en la pequeña pantalla es fiel reflejo de lo mal que se habla en la calle, con los políticos a la cabeza.

¿Cuándo se van a enterar sus señorías que la terminación de los participios siempre es en ado y no en ao? Ni uno solo, con el presidente del Gobierno como ariete, son capaces de utilizar este tiempo verbal de forma reglamentaria.

Pero lo que más nos duele es ese uso indiscriminado de los géneros que emplea una inmensa la mayoría de un tiempo a esta parte, popularizados por los representantes de la izquierda. Primero fueron los de Izquierda Unida, luego los del PSOE y ahora es ya generalizado. Compañeros y compañeras, dicen incluso algunos comunicadores con renombre. ¿No se dan cuenta de que con el plural neutro ya abarcan ambos géneros, o es que se perdieron la clase de ese día? Así, de los diputados y diputadas, se pasa a los jóvenes y las jóvenes de Carmen Romero, cuando era diputada y esposa del presidente Felipe González.

Podían seguir los pasos de los buenos oradores que ha dado este país quienes, si se referían a los dos géneros, siempre encabezaban sus alocuciones con Señoras y señores. Primero el género femenino y después el masculino, que es lo correcto. Se lo hice saber a Cayo Lara, el líder de Izquierda Unida en una conversación distendida. En caso de referirse a los dos sexos, la norma es decir diputadas y diputados, pero nunca al revés.

En nuestro país confundimos la igualdad con las patadas al diccionario. Así nos va. No damos más importancia a la mujer, ni las equiparamos con los hombres con caprichos lingüísticos de esta guisa y sí con gestos y actuaciones. Señoras y señores no significa igualdad, sino incultura, ¿o es que en aras de la igualdad, durante una reunión con el Rey sería lógico decir: señores, señoras, Majestad…? Las reglas de cortesía, de protocolo y de la Lengua Española son claras en este sentido. Querer dar la vuelta a la tortilla sin fundamentos es una sin razón y un léxico indigno del cargo que ocupan nuestros políticos.

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