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EL CAMINO INICIÁTICO DE SANTIAGO

28 junio 2010

(Fragmento de la Conclusión del libro Los misterios del Camino –iniciático- de Santiago, publicado por Ediciones Éride en julio de 2010)

El Camino de Santiago fue revalorizado en los albores del siglo XII y subsiste todavía como una solemne peregrinación que se efectúa de forma multitudinaria cada vez que la festividad del apóstol cae en domingo.

Pero lo que más nos asombra es su creación y su posterior modificación. Se descubre el sepulcro en donde fue depositado, si hemos de hacer caso a la tradición, el cuerpo de Santiago, pero habrían de pasar tres siglos para que todo el tinglado se pusiera en funcionamiento gracias a Diego Gelmírez, quien hubo de suceder en el cargo al obispo Diego Peláez cuando era muy joven a causa de las ideas separatistas de su antecesor, las que finalmente impulsaron su deposición. Gelmírez promueve el Camino y, ayudado por Calixto II (Papa), Raimundo de Toulouse, y Alfonso VI, el rey de las órdenes militares (entre 1160 y 1180 se conformaron todas las del suelo hispano), ve cómo empieza a florecer de inmediato. Es como si media Europa estuviese aletargada esperando que alguien pronunciara un grito o un reclamo que les sacase de su sopor. Lo cierto es que mucha gente, piadosa o menos piadosa, se encamina hacia Compostela, lo que es visto con buenos ojos por parte de Roma.

En el año 1095 Urbano II convoca la Primera Cruzada, pero hacía ya dos décadas que, bajo el impulso de Alfonso VI, se efectuaron las construcciones más avanzadas del Camino. De manera especial, los grandes puentes y las constantes mejoras y ampliaciones en los edificios, preferentemente en los religiosos. Hemos visto cómo a la muerte de este rey la plana mayor de la jerarquía eclesiástica era francesa, lo que favoreció la entrada de muchos mercaderes que cruzaban los Pirineos y que establecieron sus colonias, muy próximas unas de otras, a lo largo del itinerario jacobeo. Desde Toulouse a Narbona, pasando por Pamplona, se adentraban por Logroño, Burgos, Carrión de los Condes, León y Lugo.

Por fin, son los benedictinos y los templarios son los que luchan por la supremacía de la Ruta y ésta empieza a modificarse. Lo que inicialmente se desenvolvía en unos determinados grados de latitud, o en una franja fija e inamovible de terreno, empieza a oscilar, a veces por los «pontífices» o constructores de puentes de la Ruta, y otras deliberadamente. El caso es que en la actualidad casi todo es prácticamente diferente a como fue en el principio. Con la disolución del Temple los benedictinos ya no tienen contra quien luchar por la preponderancia y manejan a los peregrinos a su antojo hasta fijar el recorrido que desean. De esta forma se crea un itinerario que fue anteriormente un sendero iniciático, pero en vista de lo que se puede extraer de él, se cambia a conciencia para que el grueso de la gente vaya dejando expedita al iniciado o al estudioso la verdadera Ruta.

No transcurrió mucho tiempo sin que al Apóstol y a otros santos del trayecto se les hiciese intervenir en la Reconquista española. A su vez, se aderezaron una serie de tradiciones paganas que seguían estando en la memoria de las gentes para que, con muy pocas variantes, se adaptasen perfectamente a la liturgia y al pensamiento católico. Por lo que se refiere a Compostela y su zona de influencia, se cristianizaron más leyendas que en todo el resto de la Europa que no estuvo bajo la dominación celta. Paralelamente, otros ritos y misterios cristianos toman una nueva significación en el Camino, que los revaloriza y los funde con otros hasta que dota a cada ciudad, cada iglesia, y cada lugar, de una toponimia y de un pasado ciertamente creíble y atractivo.

En última instancia, se introduce y se consolida la lírica. Se compone en cualquier movimiento artístico del arte que resultase tónica de la época, e incluso los benedictinos van a favorecer un cuerpo de constructores laicos que dotarán a Galicia de un estilo románico totalmente diferenciado con respecto al del resto de Europa. Tuvo su cénit con el Maestro Mateo y esa maravilla incomparable del Pórtico de la Gloria. Por lo que se refiere a la lírica medieval, entra por el Camino que procede de Provenza y muy pronto encontrará eco en la gente del Noroeste español, produciendo el sensacional cancionero galaico-portugués.

El punto de destino se encuentra en el confín del mundo, en el «non plus ultra» que, junto al peligro de la invasión árabe, ayuda a acrecentar la fe. Hasta se hace que el mismísimo Apóstol se enfrente al sarraceno, al tiempo que lleva a cabo prodigiosos milagros entre los peregrinos. Sin embargo, con el descubrimiento de América, Compostela ya no fue el final, sino el centro que recogía los transvases de los cinco continentes y lo que era muy importante: se hallaba más cerca del Nuevo Mundo que Roma y Jerusalén.

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