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SIN IDENTIDAD

13 mayo 2011

El doctor Martin Harris acude a un simposio en Berlín con su esposa. Desgraciadamente para él, sufre un accidente cuando regresa al aeropuerto para recoger una maleta olvidada. Entonces sufre un accidente y permanece en coma durante cuatro días para comprobar que su supuesta personalidad ha sido usurpada por otro hombre.

Siguiendo los pasos de Frenético de Roman Polanski o de la saga Bourne, el español afincado en Hollywood Jaume Collet-Serra dirige con pulso firme una historia llena de tópicos, convencionalismos e inverosimilitudes, pero el realizador de La huérfana se eleva muy por encima del guión basado en la novela de Didier van Cauwelaert, e incluso rubrica un magnífico trabajo desde el punto de vista de la realización cinematográfica. Por lo menos, consigue mantenernos en tensión y entretenernos. Tanto, que consigue hacernos olvidar los muchos desaguisados en los que se sustenta la historia.

El doctor Martin Harris llega a Berlín en compañía de su esposa para participar en un simposio médico. Cuando su mujer procede a efectuar su acreditación en el hotel, el protagonista advierte que le falta una maleta, exactamente la que contiene todos sus documentos, por lo que, sin decir nada, toma un taxi y emprende el camino de vuelta hasta que un accidente da con el vehículo en el río. Tras cuatro días en coma no se acuerda de casi nada, tampoco puede acreditar su identidad, y debe asumir que su esposa vive en compañía de otro hombre que dice ser el verdadero doctor Harris. Desde ese momento se esforzará por saber quién es en realidad, lo que pondrá en peligro su vida y la de quienes le rodean.

Pongamos unos ejemplos. Se olvida la maleta en la calle y va a por ella al interior del aeropuerto, viaja en un taxi conducido por una mujer que le saca del río a pesar de la inmensa humanidad de Liam Neeson, entra en el metro de noche y sale de día, pasa cuatro días en coma y se recupera de inmediato con más vitalidad que tras sufrir un catarro, o desconoce que su mejor amigo durante quince años forma parte de una organización ya prácticamente disuelta desde el final de la guerra fría.

Son algunas de las muchas muestras a las que podríamos aludir, aunque presumimos que resultan suficientes. Por esa razón anunciábamos que la película, con nota muy superior a lo que anunciaban sus mimbres, se salva en su mayor parte gracias al trabajo de su director, aunque cuenta con el respaldo de un par de actores que saben, como pocos, cumplir con su trabajo. Es el caso de Frank Langella, aunque su aparición sea testimonial y, sobre todo, de Bruno Ganz, cuyas apariciones en la pantalla resultan trascendentales y convincentes hasta el punto de que llegan a opacar a sus compañeros de reparto. Lástima que no tenga más papel. Junto a ellos, cumple como casi siempre Liam Neeson y las dos rubias protagonistas: January Jones en su primer papel principal y la más veterana Diane Kruger, bastante por debajo de otras apariciones suyas en el celuloide, como Malditos bastardos.

From → Cine

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