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REDENCIÓN

12 marzo 2012

Un viudo alcohólico y autodestructivo encuentra un halo de esperanza en Hannah, una mujer muy religiosa, casada con un hombre de buena posición. Convencido, inicialmente, de que ella no tiene problemas, comprende más tarde que su vida también está llena de confusión. Siempre es posible que el amor y la amistad puedan encontrarse en el lugar más recóndito.

La película comienza con una declaración de intenciones. Tras un altercado en un bar, Joseph, el protagonista, mata a patadas a su perro rompiéndole las costillas. Tras la muerte de su esposa, el animal era lo único que tenía y también lo que más quería junto a un amigo que se está muriendo de cáncer. Sólo, borracho y sin nadie en quien confiar, se refugia en una tienda que se nutre de la voluntad de la gente para otorgar sus beneficios a los más necesitados y que regenta Hannah, una mujer que vive en uno de los barrios acomodados de la ciudad.

Al principio, Joseph se burla de Hannah, pensado que los problemas de ella son poco menos que insignificantes comparados con los de él, pero no es así. La mujer ha de soportar las palizas de su celoso marido y, a pesar de su evidente fervor católico, también se abraza a las bebidas espirituosas con la intención de ahogar su dolor, tanto físico como interior. Su única venganza es la ausencia de sexo con un hombre al que hace tiempo ha dejado de amar.

En un ambiente durísimo, forjado a base de golpes emocionales, el film no deja respiro al espectador que, aunque se enfrenta a imágenes tremendas y difíciles de soportar, tampoco puede apartar sus ojos de la pantalla ante una historia férrea, contada con evidente buen pulso y apoyada en dos interpretaciones casi antológicas que muy bien podrían haber luchado por los Oscar en sus respectivas categorías. El debutante Paddy Considine, realizador y guionista de Redención tuvo tiempo de preparar a fondo esta película, que se desarrolla en la capital de su Irlanda natal, ya que fue galardonado en diversos certámenes por un corto que, a la postre, resultó el embrión de este largometraje que su autor ha paseado sin cortarse un pelo por cuantos festivales cinematográficos le han acogido.

En cuanto a la actuación, Peter Mullan aguanta sin inmutarse los planos cortos a los que le somete su director. Con su mirada y sus gestos faciales, este realizador y actor escocés –uno de los más destacados en Caballo de batalla– convence al público de sus sentimientos. Su mirada contenida, llena de ira, es de lo mejor del año, e incluso también su pose cuando guarda entre sus brazos la cabeza del perro del broncas de su vecino. A su altura, y probablemente algo superior, hay que situar a Olivia Colman, una británica que amplio bagaje que fue elegida para protagonizar la serie Beautiful People, pero que hasta ahora no había destacado en la gran pantalla. Domina muy bien el tempo de su personaje, sin exageraciones gratuitas, por lo que los premios acumulados resultan un justo peaje a su labor.

Redención es una de las mejores películas europeas del pasado año y, desde luego, la mejor ópera prima continental. Pero que nadie vaya al cine pensando en una historia amable o con alguna concesión. Toda la película respira dureza, drama, emoción, y hasta culpabilidad. Tanto, que casi termina convirtiéndose en un thriller por la intensidad que aportan sus tres vértices principales: el director y sus dos protagonistas. Un film notable, en definitiva, en el que se efectúa una precisa introspección en unos personajes colmados de dolor por culpa de la violencia humana.

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