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FALCAO Y EL ATLETICO REPITEN TÍTULO EN LA EUROPA LEAGUE

9 mayo 2012

La primera final netamente española de la Europa League se la adjudicó el Atlético de Madrid gracias a los dos zurdazos de Falcao en la primera parte y a la postrera diana de Diego Ribas. Diego Simeone ganó la partida a su paisano Marcelo Bielsa, cuyos jugadores nunca pudieron imponer su estilo en el estadio nacional de Bucarest.

Las dos aficiones dieron ejemplo en la víspera y los prolegómenos del encuentro y esa armonía, como ya sucediera en París cuando se enfrentaron Real Madrid y Valencia en la final de la Champions, se extendió al desarrollo del encuentro y a su conclusión. Los de la capital de España disfrutaron con el triunfo de su equipo mientras que la afición de sus rivales no dejaron de animar a los suyos hasta que, a cinco minutos del final, el tercer gol de los del Manzanares les dejó nuevamente sin las mieles de un éxito europeo, como sucediera hace 35 años frente al Juventus de Turín.

Los dos conjuntos salieron agobiantes en la presión, principalmente el Atlético de Madrid, que buscaba el gol por la vía rápida. La tuvo Adrián, de cabeza, a los tres minutos y Diego a los seis a pase del asturiano, pero sería en el siguiente ataque cuando Falcao sacase su fusil . Cogió el baló dentro del área, se alejó unos metros de su marcador, y soltó un zurdazo cruzado y con efecto ante el que nada pudo hacer Iraizoz.

El guion previsto era que si se adelantaban los de Simeone, sus chicos se echarían atrás buscando ampliar la diferencia al contragolpe. Las opciones vacas pasaban porque De Marcos, Muniain y Ander Herrera se hicieran con el control en el medio del campo, pero los madrileños no les habilitaban la línea de pase. Aun así, a los once minutos, Godín sujetó a Llorente dentro del área en un centro a balón parado, pero el germano Starks miró para el graderío en lugar de hacia el área.

Los de Bielsa se fueron quitando los nervios paulatinamente y en el 19 fue Llorente, tras una hermosa jugada colectiva, el que remató en semifallo cuando se cantaba el empate, pero el único que lo celebró fue un espontáneo que sacó a relucir sus reivindicaciones políticas en el lugar menos adecuado. Luego, Muniain probó a Courtois y los bilbaínos, favorecidos por el repliegue de los del Manzanares, pasaron a detentar casi un setenta por ciento de una posición estéril porque, en el 34, Falcao cogió un balón que recuperaron sus compañeros en el área rival, quebró a un par de rivales sin apenas moverse del tepe y soltó un zurriagazo a bocajarro que le situaba por segunda vez consecutiva como Pichichi de la competición y a su equipo con el segundo título continental en tres años.

El Athletic pedía a gritos el descanso. Sus fallos en defensa, principalmente por conceder aire en exceso a los hábiles puntas rivales, les supuso un castigo inesperado y excesivamente pesado. Bielsa tenía mucho trabajo por delante si quería enderezar un rumbo que había enfilado su proa hacia el Calderón. En el regreso, apostó el rosarino por Ibai e Íñigo López por Aurtenetxe e Iturraspe. Con ellos, y De Marcos en el lateral zurdo, consolidó todavía más su dominio, pero la revolución no se produjo, ni siquiera con Toquero, que dispuso de media hora por delante para enmendar el naufragio.

Simeone le había ganado a su paisano Bielsa con la presión inicial en las proximidades de Iraizoz. Su compatriota fue fiel a sus ideas y murió con ellas, con sus gafas caídas y con su chándal, con la vista perdida hacia ningún sitio. A su equipo también le faltó esa pizca de suerte que se necesita en toda final. No es usual que Llorente, Susaeta y De Marcos desperdicien las oportunidades que se les presentaron. Neptuno ampliaba su sonrisa a medida que se iban consumiendo los minutos. Mucho más, cuando Falcao dejó en pañales a Javi Martínez y estrelló el esférico en el poste.

El Atlético supo aguantar muy bien su ventaja, que incluso llegó a incrementar a falta de cinco minutos para el final. De nuevo, la pasividad de la zaga vasca quedó demostrada al permitir a Diego hacer lo que le vino en gana e internarse en el área para batir a un desconcertado Gorka con un disparo cruzado y en dirección al palo largo. La fiesta de los rojiblancos madrileños ya era total. Su segundo título continental en tres años les colocan como reyes de esta competición y eso que sin repetir ningún futbolista del once que fue campeón en la primera edición de este torneo

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