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EL CHEF, LA RECETA DE LA FELICIDAD

3 diciembre 2012

Jacky pretende ser un chef de altura, y tiene un referente del que conoce prácticamente todo, el célebre Alexandre Vauclair. Dispuesto a tirar su vida por la borda con tal de trabajar con su maestro, decide apostar la economía familiar a un único número, despreciando trabajos remunerados a cambio de una utopía sin compensación.

Desde la celebrada Entre copas, las películas sobre restaurantes o viñedos, aún con el precedente de Un paseo por las nubes, no dejan de acudir regularmente a su cita con el espectador. Esta vez se trata de una comedia, nos llega de Francia, allí donde la alta cocina se vende mejor que en ningún otro lugar, y viene firmada por el debutante Daniel Cohen, también responsable del guion.

Con la presencia de Jean Reno como cabecera de reparto, y señuelo para el gran público, el resultado de este film es una comedia agradable, son sobredosis de azúcar en algunas pasajes, y demasiado tierna casi siempre. No presenta ingredientes sorpresas y está más al gusto de los depredadores de comida rápida –cine sin complicaciones y para pasar el rato- que de los paladares de los más exquisitos gourmets. Tampoco se advierten especias significativas ni catalizadores que ayuden a que el producto final sea más digestivo.

La historia se centra en Jacky Bonnot, uno de tantos aficionados a la alta cocina que quisiera triunfar con su propio restaurante. De momento, ha de contentarse con emular de manera privada a una especie de Karlos Arguiñano a la francesa, Alexandre Vauclair, quien es respetado por sus elaboraciones y resulta tremendamente popular merced a un programa televisivo. Mientras, el protagonista sobrevive gracias a trabajos temporales, que casi siempre termina por abandonar para guiarse por su afición, ante las reprimendas casi constantes de su pareja.

Por el contrario, Alexandre, que tiene una hija devoradora de comida rápida, está a punto de perder los fogones que le han dado fama a causa de los intereses crematísticos de sus socios. El desenlace se puede imaginar, mientras que el desarrollo fluctúa con mínimas sorpresas y aliño de bicarbonato para hacerlo más digerible. Se puede ver con complacencia, aunque no satisfaga a los paladares más exigentes. Es como un almuerzo de ingredientes poco destacables cocinados de manera rutinaria.

Si el debutante Daniel Cohen no se excede en su trabajo, ni como guionista ni como director, los actores pasan página. Jean Reno se mueve con lagunas en la comedia, aunque intenta contener el histrionismo. Todo lo contrario que Michaël Youn –Jacky-, cuyo papel está más próximo al clown que al cómico. Extremadamente maquillado, da la impresión de que el realizador pretende mostrarlo como un personaje histriónico que se aleje de la concienzuda meticulosidad de los mejores fogones. En ese tono camina buena parte del film, que incluye la aportación de Santiago Segura -¿una parodia extrema de Ferrán Adriá?- como el farsante chef español que se jacta de haber llegado al culmen de la cocina molecular.

From → Cine

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