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EL LÍMITE DE LA PIRATERÍA

14 marzo 2013

Estados Unidos se ha erigido en el justiciero de Internet. Pretende abusar de su hegemonía en el sector audiovisual para controlar todo aquello que se mueve en la Red. Contra ello se rebeló Kit Dot Com, el controvertido fundador de Megaupload, quien se ha quejado reiteradamente de que los norteamericanos se salten a la torera acuerdos internacionales y se pasen por el forro de sus zamarras eso de la injerencia en otros países. De ahí que el personaje en cuestión inste a rebelarse contra el imperialismo USA y pretenda el respaldo de los españoles.

Es cierto que desde Washington intentan proteger su industria. Lógico. Tampoco es menos verdadero que para ello pretenden adecuar a su antojo los poderes legislativos y judiciales de otros países. Critican a nuestro país, pero no se meten con Rusia, por ejemplo. Y eso que nos hacen comulgar con ruedas de molino diciendo que en la Piel de Toro es donde más se piratea en Europa cuando la mayoría de los estrenos que se bajan en España vienen con letras cirílicas o sonidos habituales del idioma ruso.

Doble moral, como la que llevan a cabo las compañías con diferentes medios de comunicación. La más llamativa es la que nos permite llevar a casa un disco duro de 500 gigabytes con cien películas cuyos títulos son evidentemente apetecibles. ¿Y al usuario común le llaman pirata? Me gustaría saber cómo hay que llamar a esa campaña promocional que no va a revertir ni un solo euro a ninguno de los productores del centenar de largometrajes que se ofrecen en el paquete. Parece que existe una vara de medir muy diferente. El mismo beneficio repercutirá en los cineastas si nos bajamos una cinta de Internet que si compremos el susodicho disco duro. Entonces, ¿por qué un hecho es calificado de piratería el otro no?

Productoras, editoriales y discográficas quieren mantener sus plusvalías cuando el mercado ha virado sustancialmente. Ni el nivel de negocio puede ser el mismo ni hay posibilidades de mantener las infraestructuras de estos últimos años. Resulta imposible poner puertas al mar. Persiguiendo la piratería se fomenta la misma, como sucedió con el consumo de alcohol durante la Ley Seca. Además, no se pueden crear expectativas –promoción, anuncios, noticias, etc.- y que luego haya que esperar seis meses para ver la película en un canal de pago, o un año para comprarla en DVD, cuando en Estados Unidos los plazos son prácticamente efímeros.

Sería mucho más rentable para todos un canon mensual o anual para bajarse lo que uno quiera y que luego que sea una sociedad de gestión quien reparta beneficios en relación a las descargas. Hay que adecuarse a los tiempos y es mejor un mínimo negocio lucrativo que arrojarse en brazos de pérdidas más o menos millonarias. Para Bob Dylan hace mucho que los tiempos han comenzado a cambiar. Sin embargo, productores cinematográficos, editoriales literarias y compañías discográficas permanecen todavía en la Edad de Hielo.

From → Cine, General, Libros, Música

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