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El llanero solitario (The Longe Ranger) (**)

17 agosto 2013

Una banda de forajidos ataca a un grupo de Rangers, del que solamente sobrevive uno de ellos. Gracias a los cuidados del extravagante indio Toro, se agiganta la leyenda de El Llanero Solitario quien, junto a su fiel escudero y a su caballo Silver, recorrerá el estado para vengarse de los agresores y lograr que triunfe la justicia.

A finales de los cuarenta triunfó sobremanera un serial radiofónico protagonizado por un John Reid, un Ranger de Texas. De inmediato, sus aventuras pasaron a la pequeña pantalla, llegándose a rodar 221 episodios, casi todos en los años cincuenta. El caso es que, tras sobrevivir milagrosamente al ataque de unos forajidos, John jura venganza y, ocultándose tras un antifaz, se convierte en El Llanero Solitario, un justiciero que monta al caballo Silver y dispara balas de plata, que hieren pero no matan. Junto a él siempre se desplaza un indio de lo más estrambótico conocido por Tonto, cuya cabalgadura atiende por Scout. Uno de referentes de ambas series era el grito ¡Hi-yo, Silver!, que se escucha una vez en la película, pero del que parecen avergonzarse sus autores.

Realmente, no se puede ocultar la procedencia del film. De una parte, el respaldo de los estudios Disney ya nos aporta la idea de un contenido blanco en el que la acción predominará sobre la violencia, como así sucede en las dos horas y media de proyección. Además,  nos encontramos con el mismo equipo de producción de Piratas del Caribe y si a ello le unimos la presencia de Johnny Depp, no nos costará mucho pensar en una transposición al desierto texano de la más que aceptable saga basada inicialmente en una atracción turística del hotel Treasure Island, ubicado en Las Vegas.

La retahíla de muecas y gestos que exhibía Depp sobre la cubierta de La Perla Negra tiene continuación aquí, junto a su inseparable compañero a lomos de Scout. Bien es verdad que los guionistas han modificado algunas cuestiones significativas, aunque no imprescindibles para el relato. Por ejemplo, que los dos protagonistas se conocían desde pequeños, o que el indio al que da vida quien un día fuera Eduardo Manostijeras, se llamaba inicialmente Tonto y no Toro. Con tanto maquillaje y un cuervo en la cabeza, todavía no sé si salimos ganando con los cambios. Armie Hammer no parece el actor idóneo para cabalgar por los áridos escenarios texanos. Se asemeja más bien a un pulido señoritingo de ciudad –un pollopera, vamos- que a un ranger deseoso de vengarse al tiempo que pretende hacer justicia. A cambio, Helena Bonham Carter y Tom Wilkinson demuestran, una vez más, que son capaces de recrear con su sola presencia los personajes que les han tocado en suerte.

Las referencia a la saga de Piratas del Caribe –da la sensación de que pretenden hacer lo mismo con El Llanero Solitario– se completa con el director Gore Verbinski quien, en esta ocasión, se muestra menos acertados que en otros trabajos, como Rango. La cinta resulta extremadamente larga y las combinaciones de secuencias de acción con otras más íntimas, apenas funcionan. Se pasa del entusiasmo al tedio casi sin solución de continuidad, así que la gran energía que emana del film se pierde por la escasa emoción que despierta y por sus exageraciones disfrazadas de extravagancias. Cambiar La Perla Negra por Silver y los siete martes por la inhóspita Texas antes de que proliferaran en su horizonte los pozos de petróleo, tiene sus riesgos. El más importante, el de la reiteración que anula la posibilidad de cualquier tipo de sorpresa.

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