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Nymphomaniac (***)

21 enero 2014

Una fría noche de invierno, un viejo solterón encuentra tirada en la calle a una mujer malherida. La lleva a su casa, la cuida, y escucha atentamente su relato, el de una ninfómana. La historia se divide en ocho capítulos, cinco de los cuales se narran en la primera entrega de las dos de que se compone la versión comercial.

Casi al mismo tiempo que Lars von Trier juraba amor eterno a Hitler en una controvertida rueda informativa en el Festival de Cannes, anunciaba un film porno de un metraje exagerado. Del elenco de actrices propuesto inicialmente, o en segunda y tercera instancia, sólo continuó Charlotte Gaingsbourg, quien ya trabajase a las órdenes del director danés en Anticristo y Melancolía. El resultado, un film de cinco horas y media de duración que para su estreno en salas comerciales se ha dividido en dos entregas que, sumadas, acumulan poco más de ciento veinte minutos. La segunda parte es superior a la segunda, aunque cualquiera de ellas se puede ver con independencia de la otra sin que el espectador sienta que el relato se queda incompleto.

Hace tiempo que Lars von Trier me interesa bastante menos de lo que muestra su cine. Sus propuestas mesiánicas, como si fuera un psicoanalista más iluminado que Sigmund Freud, un filósofo mucho más consistente que Soren Kierkegaard, o un autor más imponente que Henrik Ibsen, me cansan por abrumadoras y porque se cree en posesión de la única verdad. Puede que sea una pose. Si es así, nos toma el pelo. De otra forma, sus planteamientos resultan absolutamente discutibles. En este caso, pretende hacer una radiografía del sexo en la que hay adicción y algunas imágenes explícitas  pero donde se echa en falta uno de los componentes más importantes: la sensualidad.

Charlotte Gaingsnourg y sus modelitos de monja que se da un garbeo fuera del convento representan la cara menos atractiva del sexo. Todo lo contrario que cuando Stacy Martin interpreta a la protagonista –Joe- adolescente. Ante la mirada de Seligman (Stellan Skarsgard), Joe relata sus aventuras desde que era niña hasta el momento actual, pasando por su primer orgasmo espontáneo, su estabilidad con Jerôme (Shia LaBeouf) y el nacimiento y posterior abandono de su hijo Marcel. Lo hace fascinado por el relato de una ninfómana, siendo el representante del uno por millón que se consideran asexuados, virgen en el umbral de la vejez, y sin alguna relación pasada,

Ocho capítulos, no tan pornográficos como se había anunciado,  que llevan el nombre de los objetos que se encuentran en la habitación descarnada a donde Seligman ha transportado a Joe. Algunos de ellos, traídos a calzador y con raíces filosóficas ciertamente discutibles. Los tres capítulos de la segunda parte tienden más hacia las depravaciones, motivadas principalmente por la ausencia de ardor sexual e incapacidad para satisfacerse por parte de la protagonista. El personaje desciende más a los infiernos entre una colación de penes y algunos desnudos, en soledad o en compañía de otros. Seligman, un ratón de biblioteca sin experiencia, se convierte en juez hasta desembocar en un final que únicamente resulta congruente en la fábula que se ha montado en su mente su director y guionista. No hay química entre los protagonistas, aunque su esfuerzo es loable.

Lars von Triers se recrea también en las imágenes, que llenan de planos cortos la pantalla mientras mueve la cámara, sin control aparente, en un buen ejercicio de planificación. Es indudable que sabe hacer cine, aunque también en este aspecto se mira al ombligo y se cree el dueño del mundo subido a su particular Titanic de celuloide.

From → Cine

One Comment
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