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Nueva vida en Nueva York (Casse-tête chinois) (****)

15 mayo 2014

Xavier está casado y tiene dos hijos, pero cuando cabría esperar que su vida se encontrase estabilizada, se le acumulan los problemas. Su mujer se traslada a Nueva York con su nuevo compañero y él entiende que los niños no pueden estar sin su padre por lo que decide seguirla hasta la Ciudad de los Rascacielos.

Con este título Cédric Klapisch cierra la trilogía iniciada en 2002 con Una casa de locos y continuada tres años después con Las muñecas rusas. Esta tercera entrega, sin duda la mejor del conjunto, puede verse como un film independiente de las demás, y admite incluso una continuación. Su responsable rinde homenaje, en parte, a los tres cineastas que fueron objeto de su tesina en la Universidad de París, que versaba sobre Tex Avery, Woody Allen y los Hermanos Marx.

Xavier Rousseau –Romain Duris- se ha instalado en la cuarentena y su vida sigue igual de complicada, aunque ahora sus preocupaciones son otras, bastante menos nimias pero que le producen idénticos desasosiegos. Su ex esposa, la británica Wendy, se ha instalado en Nueva York con su nuevo novio y sus dos hijos, pero él no quiere que los chavales crezcan sin tenerle a su lado por lo que decide instalarse también en la Gran Manzana. De esta forma, la tormentosa vida del protagonista vivirá un nuevo capítulo en la caótica Nueva York, y más concretamente en Chinatown donde, al mismo tiempo, encontrará el material necesario para esa novela que ha comprometido y de la que ni tan siquiera tenía el título.

Regresan los personajes de antaño. No solamente Wendy –Kelly Reilly-, sino también Isabelle –Cécile de France-, que comparte piso con su pareja femenina, y Martine –Audrey Tautou-, que viaja con cierta frecuencia a la Gran Manzana. Ambos disfrutan placenteramente de sus breves encuentros. Antes, la vida de Xavier no resultaba sencilla y ahora parece más complicada. Máxime, cuando necesita casarse para obtener la ciudadanía. Por azar, se encuentra con una esposa, Ju –Sandrine Holt-, perteneciente a una familia oriental con la que tiene que engañar a las autoridades.

Con un guion muy coherente, divertido, y que Klapisch desarrolla con naturalidad, nos encontramos con una película entretenida, que a veces roza la obra de arte y que se enriquece con la magnífica partitura musical de Christophe Minck. Consigue momentos hilarantes a través de la presencia de uno de tantos abogados que se dedican a lucrarse con las miserias de los demás, y no faltan los enredos a los que nos tienen acostumbrados este tipo de historias en las que un inmigrante desea obtener la nacionalidad estadounidense. Pueden dar fe de ello Robin Williams –Un ruso en Nueva York– y otro francés. Gérard Depardieu, protagonista de Matrimonio de conveniencia.

Los intérpretes se entregan a sus papeles y los ejecutan de la manera más convincente. Incluso aceptamos con naturalidad que Xavier sea el padre de la hija de la pareja de lesbianas que le ayudan a que sus vivencias sean más llevaderas. De todas formas, el protagonista define su realidad perfectamente cuando afirma: Antes pensaba que mi vida no era fácil; desde que estoy en Nueva York pienso que era súper fácil. La crisis de los cuarenta llega para todos, pero a cada cual le toca sufrirla de forma distinta. La del protagonista es, como indica el título en francés, un casse-tête chinois, un rompecabezas equivalente al tangram que se hico famoso por estas latitudes hace ya unos cuantos años.

From → Cine

One Comment
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