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El tiempo de los amantes (Le temps de l’aventure) (**)

24 noviembre 2014

Una actriz viaja de Calais a Paris. En el tren conoce a un británico que le pregunta por una dirección. Su novio no está disponible al otro lado del hilo telefónico y ella se encuentra atraído por esa persona elegante, educada y taciturna, por lo que decide ir a su encuentro. Ambos tienen que regresar a sus quehaceres, pero sienten el deseo de una escapada.

El tren da lugar a muchas historias; en algunos casos, encuentros inesperados que desembocan en una relación o en una aventura. Desde el andés hasta el convoy, como sucedía en Estación Termini o en Breve encuentro. En el quinto largometraje de Jerôme Bonell, el primero estrenado en España según nuestros datos, Alix viaja desde Calais a París. Allí está representando La dama y el mar, de Henrik Ibsen, pero en su día libre toma la decisión de viajar a la capital para encontrarse con su novio, a quien le tiene que comunicar una importante noticia.

Durante el viaje se cruza algunas miradas con un desconocido. Un hombre ya entrado en años, bien vestido y de mirada triste. Cuando llegan al término de su viaje él le pregunta con un discreto encanto por una dirección, la iglesia de Saint-Clotilde. Presumiblemente, la historia no hubiera ido más allá de ese punto si el novio de Alix hubiera contestado alguna de sus llamadas. Ella está embarazada y quiere dar la buena nueva. Paralelamente, tiene conflictos con su hermana a quien le pide dinero porque no ha recibido los emolumentos esperados durante la gira.

La protagonista decide acudir a la iglesia, donde tiene lugar un entierro. Hay un acercamiento mutuo, aunque inicialmente muy distante, entre dos personas que, aparentemente, se encuentran solas, lejos de su hábitat y, por supuesto, desubicadas y en el lugar equivocado. Ella acepta la invitación, él también se deja llevar y se abre un paréntesis en sus vidas que ninguno de ellos sabe cómo desembocará. Tal vez todo dependa del hilo telefónico, de abandonarse en busca de una pasión perdida o, simplemente, de vivir un agradable sueño del que inevitablemente se debe despertar. Es posible que cuanto antes mejor.

Bonell dirige con pulcritud, sin apasionamiento y de una forma distante. Pretende que los hechos discurran. Vivir el momento con una mirada fríay sin apasionamiento, lo que resta fuerza a una película bien interpretada y con un guion coherente. En un film casi desprovisto de sentimiento, en el que las maravillas de la Ciudad Luz quedan ocultas, el veterano Gabriel Byrne ejerce su trabajo con pulcritud. Sólo al final sabemos que se llama Doug. Está casado, tiene hijos mayores y hace años vivió una gran historia de amor en París.

Ella es Emmanuelle Devos, más irregular que en Violette y menos comprometida que en El hijo del otro. No obstante, aporta a su personaje de Alix una languidez y cierta indiferencia que contribuyen a elevar su personaje. Ella es la piedra angular sobre la que se apoya el relato, con su inseguridad con respecto al futuro. El mañana es una incógnita. Por eso prefiere dejarse llevar hacia unos actos que pueden ser trascendentes o quedarse en un mero pasaje sin apenas importancia.

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From → Cine

One Comment
  1. pdef permalink

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