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La décima carta (**)

20 diciembre 2014

En 1966, Basilio Martín Patino consiguió la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián. Casi medio siglo después, la directora y documentalista Virginia García del Pino quiso escribir una décima misiva en compañía con el cineasta salmantino. Juntos, repasan su vida y sus archivos particulares.

La autora de este documental sobre la vida de uno de los cineastas encuadrados en lo que se dio en llamar el nuevo cine español, posee un gran prestigio dentro del género. Su trabajo en El jurado, donde los responsables de un jurado popular dirimen sobre un caso de asesinato resulta loable y, en esta ocasión, repasa la vida de Basilio Martín Patino con gran animosidad y una puesta en escena muy destacable.

Con el pretexto de la película más premiada del salmantino que, con su primer largometraje, Nueve cartas a Berta, se adjudicó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, se pretende escribir una décima carta. La idea es atractiva, pero el resultado final es un tanto superficial y se deriva mucho más hacia la anécdota. Basilio Martín Patino tiene muchas más cosas que contar que simples esbozos de su relación con el mundo del toro, o las fotografías que recopiló para rodar Queridísimos verdugos.

Baste recordar que Martín Patino nació en el seno de una familia católica y que sus dos hermanos fueron religiosos. Todo lo contrario que él, dedicado inicialmente a la literatura con libros como Calle Toro, antes Generalísimo. Después, participó activamente en Las conversaciones de Salamanca, tertulias en torno al cine, que tuvieron gran resonancia en todo el país. Luego destacó por sus documentales, como Torerillo, donde tuvo problemas con la censura por ensuciar el paisaje de Castilla-La Mancha con el humo del tren, hasta desembocar en Nueve cartas a Berta.

Famosa es su trilogía clandestina, compuesta por Canciones para después de una guerra, Queridísimos verdugos y Caudillo, pero el documental sobre su figura, compuesto por conversaciones bis a bis entre él y la autora, no se profundiza en ninguna de estas cuestiones, lo que podría haber sido una valiosa lección de historia. El pensamiento y la postura de Basilio se reflejan mejor en una entrevista inédita hecha para Televisión Española en la que, a plano fijo, se aprecian hasta los contadores de tiempo.

Nueve cartas a Berta comenzaba con unos versos de Machado reflejados también en este trabajo: Esta es la historia de un españolito que quiere vivir, y a vivir empieza. Desde ese momento, cumple a rajatabla el postulado del autor: Olvidarse de toda preceptiva sobre lo que se deba hacer. En este trabajo, impoluto desde el punto de vista de la puesta en escena, se han olvidado, no obstante, demasiadas cosas. Y eso que en su única aparición en este film, José Luis García Sánchez advierte a Virginia García del Pino que con solo hablar con Basilio ya tendría una buena película.

El resultado es un acercamiento entrañable, prácticamente de admiración, por la figura de su protagonista. A través de encuadres arriesgados, pero plenos de acierto, se acerca a la personalidad de Martín Patino pero no a su pensamiento que, en una figura irrespetuosa con la corriente política de su juventud, no hubiera debido soslayarse. El documento, desde el punto de vista fílmico, es valioso. También desde el humano, aunque no tanto por lo que se refiere a la historia.

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From → Cine

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