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Cómo acabar sin tu jefe 2 (Horrible Bosses 2) (-)

5 enero 2015

En la secuela de Cómo acabar con tu jefe, Nick, Dale y Kurt montan su propio negocio en torno a una ducha casera inspirada en los autolavados de coches. Un inversor les engaña dejándoles un descubierto de medio millón de dólares. Para salir del apuro, deciden secuestrar al hijo del empresario.

Jason Bateman (Nick), Jason Sudeikis (Kurt) y Charlie Dale (Dale) regresan a sus papeles de pringados que odian a sus jefes, pero son ellos los que crean su propia empresa para no depender de nadie. De todas formas, no pueden zafarse de los personajes de la entrega inicial, encarnados por Jennifer Aniston, Kevin Spacey y Jamie Foxx, a los que ahora se unen como antagonistas Cristoph Waltz y Chris Pine, el único que se entrega a fondo en esta comedia con mucha menos gracia de la prevista y demasiado exagerada en su vocabulario.

Tras el éxito de la primera entrega, que no solo funcionó a nivel popular puesto que estuvo propuesta para varios galardones, era lógico que se pensara en una secuela. Incluso, si nos atenemos al final de esta producción, se dejan las puertas abiertas para rematar una trilogía, aunque sus méritos fílmicos propongan exactamente lo contrario. En esta ocasión, no cuenta con el respaldo en la dirección de Seth Gordon, que por problemas de agenda fue reemplazado por Sean Anders quien, con sus antecedentes –Desmadre de padre, por ejemplo-, era difícil que pudiera superar a la película original.

Las mejores situaciones, con excepción del furor uterino de Jennifer Aniston y el enredo que se produce entre los personajes centrales en la recta final de la historia, se encuentran al principio. De todas formas, el invento que da origen al desarrollo de la acción se nos antoja tremendamente infantil en este mundo de la globalización y los adelantos por Internet. Nada menos que una ducha con diversos elementos –agua, jabón, secado…- inspirada en los autolavados de coches. Ese es el producto que debe sacar a Nick, Dale y Kurt de ser unos simples empleados anónimos.

Cuando encuentran un inversor –Waltz- que está dispuesto a comprar miles de unidades para venderlas por catálogo, piden un préstamo para hacerse con un local, una cadena de montaje y los correspondientes empleados, pero salen escaldados. El supuesto mecenas afirma que no hay un contrato por escrito y esperará a que los tres protagonistas sean embargados para quedarse con su invento a coste cero. Por eso idean secuestrar a su hijo –Pine- con el propósito de hacerse con la cantidad invertida, medio millón de dólares. En ese momento entran en juego sus anteriores jefes –Spacey y Anniston-, así como otros personajes de la anterior entrega, y el detective Hatcher –Jonathan Banks-.

Aunque el argumento pueda tener cierto interés, los guionistas y la plana ejecución terminan por cargarse un proyecto en el que sus propios protagonistas, a tenor de lo que se transluce en la pantalla, no parecen creen demasiado. El humor es absolutamente chabacano, carente de imaginación, vulgar y de mal gusto. A la vista de la exposición, esta secuela carece de sentido y debiera haber dormido el sueño de los justos, quedándose muy por debajo del original filmado en 2011. La gracia brilla por su ausencia y sus responsables debieran de haber hecho caso a su propio invento y haberse pegado una buena ducha fría que les aclarase sus chabacanas y poco interesantes ideas.

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From → Cine

One Comment
  1. pdef permalink

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