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Quédate conmigo (Still Mine) (***)

7 enero 2015

Craig Morrison decide construir una casa dentro de su extensión de tierra. Aprendió de su padre y de su abuelo a levantar una estructura sólida que ahora deberá acoger tanto a él como a su esposa Irene, enferma de alzhéimer. Sin embargo, las autoridades ponen toda suerte de trabas amparándose en la legislación vigente.30

El canadiense Michael McGowan parece especializarse en películas tristes. A pesar de su buen oficio, sus obras no encuentran fácilmente el sendero de la comercialidad porque tratan de personas en la recta final de sus vidas, como One Week, su mejor trabajo hasta la fecha. Si en ella relataba, en forma de road movie, las vivencias de un joven al que se le diagnostica un cáncer, en este caso se centra en el matrimonio compuesto por Craig e Irene Morrison, un matrimonio de ancianos encarnados respectivamente por James Cromwell y Geneviève Bujold, que parte de un  guion propio basado en una historia real.

Se trata de dos octogenarios que mantienen vivo su cariño y la llama del amor, pero la cabeza de Irene no funciona de forma correcta y su esposo decide construir una nueva casa próxima a la que habitan, dentro de sus propiedades. Por mucho que se preocupen sus hijos Ruth y John –Julie Stewart y Rick Roberts-, su anciano padre tala los árboles, moldea lo tablones y erige un edificio sólido, tal y como le enseñador sus antepasados. Sin embargo, la ley se vuelve en su contra, puesto que los nuevos tiempos exigen la homologación de la madera, de los planos y de la seguridad de la propia construcción.

Da lo mismo que Craig aporte las certificaciones de uno de sus nietos, ingeniero de profesión, ya que la administración le obliga a detener las obras. Cuando Irene se cae por las escaleras en su intento de llegar al dormitorio, poco le importan las trabas legales, ya que sigue adelante con su empeño aunque se lo desaconsejen su abogado y sus vecinos. Finalmente, el caso termina en los tribunales.

Con buen oficio y una bella fotografía de Brendan Stacey, el responsable de este film ha construido una producción tierna, sentimental pero no demasiado edulcorada, llena de detalles y, sobre todo, repleta de amor. No en vano, fue nominada para siete premios de los Canadian Screen Awards, incluyendo el de mejor película. Finalmente, su protagonista, James Cronwell –Los Ángeles confidencial y Babe, el cerdito valiente– se acreditó como el mejor actor del año gracias a una interpretación sólida, en la que los silencios pesan tanto o más que las palabras. Un galardón ciertamente merecido.

Otra cosa muy diferente es el recorrido comercial que pueda tener este largometraje, que muestra unos personajes bien diseñados pero que resulta triste como pocos cuando se trata de mostrarnos las relaciones de la pareja protagonista. La rebeldía de Craig Morrison, casi siempre contenida, contrasta con su enorme convicción de ayudar a su esposa, y de paso a él mismo, en sus últimos años de vida. Durante dos años hubo de hacer frente a todos los argumentos administrativos puestos en su contra. Tuvo que soportar como la mente de su esposa se empeñaba por momentos y vio morir a uno de sus mejores amigos. A pesar de ello, no se arredró y siguió adelante con una empresa que él consideraba justa, procediendo de la misma forma como se había comportado durante todos los días de su vida.

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From → Cine

One Comment
  1. pdef permalink

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