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Whiplash (****)

16 enero 2015

Andrew Neiman quiere llegar a la cumbre como baterista de jazz. Estudiante de primer año en el Conservatorio más acreditado de la Costa Este, resulta elegido por el exigente profesor Terence Fletcher para formar parte de su banda. Desde ese momento, cambia la vida del joven estudiante, marcado por el fracaso de su padre como escritor.

El título de la película, que le supuso a J.K. Simmons el Globo de Oro al mejor actor secundario, se corresponde con una canción  de Metallica, pero también con otra de Selena Gómez & The Scene. En la pantalla grande el jazz es el denominador común del enfrentamiento entre un joven que hará todo lo que esté al alcance por triunfar –Miles Teller- y un profesor de métodos tan abusivos como poco convencionales que pretende encontrar entre sus alumnos un nuevo Charlie Parker u otro Louis Armstrong. Esa es la razón por la que el título responde a la composición de Hank Levy

En el Conservatorio Shaffer, el más acreditado de la Costa Este, Andrew Neiman estudia para ser un gran batería de jazz. Su ídolo en Buddy Rich y la persona a la que debe convencer es Terence Fletcher, un profesor exigente, capaz de humillar a cualquiera de los músicos que forman parte de su banda, compuesta por los alumnos más destacados y con los que está acostumbrado a ganar premios allí donde vaya.

Después de oírle ensayar, Fletcher llama a Neiman para que sea su segundo batería, dando un paso al frente cuando el titular ha de interpretar Whiplash sin partitura. Para el director de la banda, el recién llegado debe ganarse el puesto, y para ello ha de convencerle más que el veterano y otro recién llegado a quien le solicita para estimular a los otros dos. Un accidente priva al joven de 19 años continuar sus estudios y, posteriormente, ejerce como piedra angular para que Fletcher sea expulsado por su forma de tratar a los alumnos, que en algunos casos les ha llevado a una profunda depresión. Tiempo después, ambos vuelven a encontrarse y cada cual busca su particular revancha.

Este proyecto nació como un guion de escasas páginas que se convirtió en un cotometraje cuyo paso por Sundance sirvió para que su autor, el debutante Damien Chazelle fuese respaldado por una multinacional. El resultado es un film vibrante, que mantiene un duelo de interpretación en la cumbre y en el que J. K. Simmons, un habitual de la TV, ha encontrado el papel de su vida. Su rol es el de un profesor y director de orquesta que parece extraído de cualquier producción de adiestramiento bélico, como La chaqueta metálica, por ejemplo. Curioso que sus dos grandes éxitos en la pantalla grande –el otro es La música nunca dejó de sonar –sean dos dramas musicales. Le da réplica un magnífico Miles Teller, que sabe sufrir como pocos. Ha dejado atrás las fiestas estudiantiles, como Project X, y Noche de marcha para erigirse como un actor con mayúsculas. Tenía nociones de batería antes de firmar su personaje y terminó convirtiéndose en un virtuoso.

No hace falta ser un amante del jazz para disfrutar de esta película, que apenas recurre a tres títulos en primer plano; entre ellos, el archiconocido Caravan, un clásico de Juan Tizol que Duke Ellington elevó a los altares en 1936. La producción tiene sus errores, como un final demasiado en alto o unos personajes colaterales que apenas aportan y entre los que sobresalen el padre de Neiman –Paul Reiser- y la joven Nicole –Melissa Benoist-, pero la realización nos atrapa, haciendo honor al latigazo, con el que se puede traducir su título. Consigue aunar enseñanza musical con talento cinematográfico, dos aspectos que no suelen fusionarse con demasiado acierto. Huye de almibaradas relaciones que podrían haberla convertido en mucho más comercial y Chazelle se entrega a fondo para conseguir una cinta hecha con las tripas que, manteniendo la cabeza fría, llega al corazón.

From → Cine

2 comentarios
  1. Muy buena, me encanto la edición

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  2. pdef permalink

    Reblogueó esto en Gol&Goal.

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