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Oculus (*)

19 febrero 2015

Tim y Kaylie vuelven al lugar de los terribles sucesos acaecidos en el hogar paterno tiempo atrás, a resultas de los cuales él fue internado en un psiquiátrico y ella en un centro de protección de menores. De nuevo vuelven a enfrentarse con el espejo que afectó sus vidas y las de sus padres. Esta vez, con la intención de destruirlo.

Después de su debut con Absentia, el cineasta Mike Flanagan recupera la propuesta de su primer trabajo detrás de la cámara, un cortometraje titulado Oculus: Chapter3 – The Man with the Plan, para presentarnos una historia familiar inscrita dentro del género de terror. Aunque los hechos transcurren en la vivienda a la que se trasladaron cuando eran pequeños, no podemos hablar de una nueva casa encantada, ya que el mal y las vicisitudes de los protagonistas son generados por un espejo que formó parte de la colección del castillo de Balmoral, residencia estival de Isabel II y del Duque de Edimburgo.

Flanagan, responsable igualmente del guion, es un excelente montador, y también se reservó esta faceta en el film, aunque su exposición, desarrollando paralelamente dos historias que distan diez años en el tiempo no deja de resultar confusa. Conocedor a pies juntillas de lo que quiere mostrar, no se ha detenido a pensar que el público no tiene el mismo conocimiento de su argumento y hasta que no desvela en la parte final los hilos de la función, ésta puede resultar difícil de comprender. Todo lo contrario que la mujer de ojos brillantes asociada con el adorno causante de los problemas.

La propuesta, al revés de lo que suele ser habitual, comienza bastante peor de lo que acaba, ya que en su inicio se presenta bastante convencional. Una casa deshabitada, los clásicos recovecos y el origen del mal que, en este caso, es una suerte de cornucopia. Cuando la familia, que estaba formada por los esposos Allan y Marie Russell –Rory Cochrane y Katee Sackhoff-, así como por sus dos hijos Tim y Kaylie –Garrett Ryan y Analise Basso-, se mudó a una nueva casa el dichoso espejito se empeñó en liarla hasta que Tim mató a su padre para proteger su hermana.

Cuando ha cumplido veintiún años, el joven sale del centro en el que ha sido internado para reunirse con Marie quien se las ha ingeniado para adquirir en una subasta el espejo que considera causante de los males de la familia. Recuerda que sus anteriores propietarios fallecieron en trágicas circunstancias. Su intención es destruirlo, y por ello también comprometen al novio de ella, Michael –James Lafferty-, personaje introducido para que a su costa se provoque más de un susto. El caso es que vuelven a la casa, ahora solitaria, en la que se advierten huecos hasta entonces desconocidos y donde Marie ha instalado cámaras, alarmas que le recuerden que ha de comer, y hasta pretende destruir el malévolo objeto mediante un péndulo.

Se aprecian bastantes homenajes en la puesta en escena, algunos evidentes, como El resplandor o Terror en Amityville, aunque brilla por sí sola en la propuesta general y en la fotografía de Michael Fimognari. Gracias ella, y al talento del director a la hora de colocar la cámara, el film muestra perspectivas impensables en relación con su inicio, mucho más manido y convencional. Por el regusto que deja al finalizar la proyección no resulta extraño que fuese seleccionada para competir por el Premio del Público cuando fue presentada en el Festival de Toronto.

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From → Cine

One Comment
  1. pdef permalink

    Reblogueó esto en Vía Láctea.

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