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Castores zombies (Zombeavers) (-)

2 marzo 2015

Un grupo de jóvenes se dispone a pasar un fin de semana en una cabaña junto al remanso de un río. Previamente, un barril de residuos radioactivos cayó al agua e infectó a una colonia de castores. Los animales, más fuertes y agresivos que de costumbre, atacan a los humanos y los transforman en zombies con colas y dientes afilados.

La primera película de Jordan Rubin, que muestra bastante oficio para ser un debutante no pasa de ser una broma. Un gag inicial recurrente con la última secuencia es lo mejor del film. En medio, poco más de una hora que apenas ofrece algo novedoso dentro del género a que pertenece. Hay que prepararse muy bien, con absoluto silencio y la iluminación oportuna para que este film, paseado por distintos festivales, desde Tribeca hasta Sitges, produzca el efecto deseado por sus responsables.

María –Rachel Melvin- invita a dos amigas universitarias, Zoe –Cortney Palm- y Jenn –Lexi Atkins-, tras un desengaño amoroso de ésta, a pasar un fin de semana en una cabaña que posee un primo suyo en Ashwood. Como es habitual, los móviles no funcionan y sólo hay un teléfono fijo que deja de funcionar casi inmediatamente. El reparto de completa con el cazador furtivo –Rex Lynn- cuya presencia impone de por sí, y un matrimonio entrado en años que ejercen de vecinos. Así hasta que llegan los novios de las chicas, Sam –Hutch Dano-, Tommy –Jake Weary- y Buck –Peter Gilroy-, para que las próximas horas se conviertan en una orgía de sexo y alcohol.

No contaban con una colonia de castores sobrealimentados por un bidón de residuos radioactivos que les hace especialmente peligrosos, aunque se trate de animales herbívoros. Lo suyo es roer la madera, material con el que está construida la cabaña, excavar túneles, y conducir a los humanos a su mundo de no-muertos. Además, muestran una inteligencia poco común, al derribar los árboles necesarios para cortar la carretera de acceso e impedir de esta forma que nadie se aleje del lugar.

Historia absolutamente convencional que aúna la vivienda aislada, el remanso de agua y algunos sustos gratuitos antes de la carnicería final. Claro que lo mejor está al principio, donde se cuenta como se infectan los animales. Un par de camioneros transportan un cargamento que incluye varios bidones para investigación médica. Hablan de sus cosas. Sexo, preferentemente, cuando el conductor utiliza el teléfono móvil. Aunque su compañero se lo advierte, no ve el ciervo parado sobre el asfalto. El impacto hace que uno de los bidones se caiga al agua y libere el contenido de su interior. Una secuencia hábil y graciosa.

En cuanto a la propuesta fílmica, desde los títulos de crédito, rudimentarios donde los haya, advertimos que se trata de un trabajo que debemos tomárnosla a broma. No sabemos si por la escasez de recursos o porque lo hicieron así de forma deliberada, la postproducción es muy pobre, y los animales zombies ni meten miedo ni resultan atractivamente repulsivos. Están más cerca de las hormigas Trancas y Barrancas30 que de un diseño efectista para una película de comedia-terror.

La interpretación está a la altura del guion, puesto que ninguno de los personajes tiene un papel lo suficientemente sólido como para lucirse. El mejor, probablemente sea un oso metido a calzador en el argumento. Los sustos están más cerca del humor que del miedo y la banda sonora de los dos coguionistas, Al y Jon Kaplan está a la altura del resto.

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From → Cine

One Comment
  1. pdef permalink

    Reblogueó esto en Vía Láctea.

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