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El hombre más enfadado de Brooklyn (The Angriest Man in Brooklyn) (-)

23 marzo 2015

Henry Altmann es un hombre agresivo, atacado por la frenética vida actual. Cuando llega al centro hospitalario para recibir los informes de una revisión gratuita, la doctora le comunica que le quedan noventa minutos de vida. En ese tiempo, intentará reconciliarse con su hijo y recuperar junto a su mujer la llama del amor.

La reciente desaparición de Robin Williams permite que se estrene en España esta película que, de otra forma, debería haber estado abocado al ostracismo. Ni así podemos valorar positivamente la actuación del protagonista de Good Morning, Vietnam o de El hombre bicentenario. Tampoco acumula méritos técnicos este trabajo, dirigido por el otrora interesante Phil Alden Robinson, que fuera responsable de la entrañable Campo de sueños y de la entretenida Los fisgones. Su moraleja, que pone en evidencia los riesgos de la caótica y desenfrenada civilización actual, se minimiza debido a una historia endeble y a una puesta en escena demasiado vulgar.

Remake de una cinta australiana dirigida por Assi Dayan, nos presenta al abogado Henry Altmann –Robin Williams- desesperado por el atasco de camino a una consulta médica, por los transeúntes que lea agobian y por el taxi que acaba de golpear su vehículo. Una vez en el centro hospitalario se irrita todavía más porque su médico habitual está de vacaciones y la doctora Sharon Gill  -Mila Kunis- se ocupa de sus pacientes. Los resultados no son nada halagüeños puesto que presentan un aneurisma cerevral y, ante la cara de preocupación de la galena, Henry insiste en saber la realidad. Ella termina confesándole que su esperanza de vida no va más allá de noventa minutos.

Desde ese momento se emprenden dos persecuciones desaforadas. Henry, tras pedir consejo veladamente a su hermano Aaron –Peter Dinklage-, también socio de la empresa, tiene un par de frentes abiertos: recuperar la relación con su hijo Tommy –Hamish Linklater- y avivar el calor sexual perdido con respecto a Bettie –Melissa Leo-, su esposa. Por otra parte, la doctora Gill, después de consultar con otro especialista, entiende que puede perder su licencia debido al alborotado comportamiento con el paciente y emprende una alocada búsqueda para limar asperezas en su deseo de que no formule la correspondiente denuncia.

Idas y venidas, situaciones de vodevil, y escasa inteligencia es lo que nos depara desde ese momento esta producción inocua, que desprende una absoluta falta de sentido y que ni siquiera resulta lo suficientemente disparada para que podamos reírnos a mandíbula batiente o albergue un plus de sorpresa. Todo resulta demasiado plano, elemental y, aunque resumida en 83 minutos, esta duración incluso nos parece demasiado larga.

Ni siquiera los actores mantienen el tipo puesto que no tienen momentos de reflexión. Sus personajes se limitan a correr, a ejecutar sus acciones sin más y apenas mantienen la cabeza fría. Ni siquiera cuando son conscientes de la naturaleza de sus actos. Los dos momentos dramáticos, la discusión inicial del protagonista con su esposa, y el reencuentro con su hijo, que da clase de baile de salón, tampoco resultan lo suficientemente efectistas como para olvidarnos de que nos enfrentamos a una comedia con poca gracia y que ha perdido el norte cuando podía haberle sacado el partido al estado de nervios que provocan las prisas y los sinsentidos que se derivan de nuestra sociedad actual.

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From → Cine

One Comment
  1. pdef permalink

    Reblogueó esto en Vía Láctea.

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