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Cenicienta (Cinderella) (***)

27 marzo 2015

Nueva adaptación de la factoría Diesney del cuento de Charles Perrault. Una muchacha pasa a ser vituperada por su madrastra y las dos hijas de ésta hasta que su hada madrina le facilita un gran carruaje, un precioso vestido azul y unos zapatos de cristal para que acuda al baile en el que el príncipe habrá de elegir a su esposa.

Presentada fuera de concurso en la última Berlinale, la compañía Disney regresa a la emotiva narración de Charles Perrault con una apuesta de personajes de carne y hueso para una de sus princesas preferidas. No deparó en gastos la factoría, que encargó el diseño de vestuarios a la varias veces oscarizada Sandy Powell y la dirección artística al casi siempre abigarrado Dante Ferretti. El reparto gira en torno a la eficiente Kate Blanchett, que cumple con una madrastra como nunca se ha visto en la gran pantalla, y la dirección se puso en manos del británico Kenneth Brannagh, quien parece haberle dado esquinazo a Shakespeare para llevárselo crudo gracias a las superproducciones.

La historia es bien conocida. Ella –Lily James-, se convierte en Cenicienta, siempre recubierta de ese polvo gris, tras el fallecimiento de su padre –Ben Chaplin- y siendo relegada a una explotada criada por su madrastra y sus las dos hijas de ésta, Drisella y Anastasia -Sophie McShera y Holliday Grainger, respetivamente-. Un buen día, cuando lloraba sus penas en el bosque, se encuentra con un cazador –Richard Madden-, quien realmente es el hijo del rey. Para encontrar esposa, organiza un baile al que Cenicienta sólo puede acudir gracias a la aportación de su Hada Madrina -Helena Bonham Carter-, que convierte una calabaza en suntuosa carroza, cuatro ratones en caballos, dos lagartos en lacayos y un ganso en cochero. En la fiesta lucía espléndida con su maravilloso vestido azul y sus zapatos de cristal.

Pero el hechizo, ya se sabe, dura solamente hasta medianoche. Como el fulgor de esta película, a la que le faltan diálogos mordaces y canciones más pegadizas. Patrick Doyle se ha esforzado, especialmente con Lavender’s blue, pero no ha conseguido el toque de otras producciones de la casa que se han llevado el Oscar y la popularidad. Exceptuando las interpretaciones de Cate Blanchett, sobre todo, Lily James y Helena Bonham Carter, la parte más atractiva está en el vestuario y la dirección artística que, unido al buen trabajo de Brannagh tras la cámara, ofrece una sensación visual muy atractiva. Y eso que los figurines pueden tacharse de cursis y los decorados neobarrocos de recargados en exceso.

La historia, aunque conocida, se sigue con mayor deleite gracias a los artificios sensoriales, pero la originalidad en el guion de Chris Weitz no está a la altura de la producción. El texto resulta tan plano como el de La brújula dorada. Esperemos que mejore sus aportaciones con la nueva entrega de Star Wars para que no se nos venga abajo una saga tan mítica. En este sentido es tan fiel a la historia de la versión animada de 1950, que prácticamente no hay diferencias. El atractivo visual se diluye en muchas ocasiones por la ñoñez sensiblera que, no obstante, la convierte en la mejor propuesta con Cenicienta como protagonista vista en los últimos años. Algo que, por otra parte, tampoco resultaba muy difícil.

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From → Cine

One Comment
  1. pdef permalink

    Reblogueó esto en Vía Láctea.

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