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Lost River (**)

15 abril 2015

Una madre soltera, acuciada por los bancos, acepta trabajar en un sórdido club. Mientras, su hijo mayor, en el lago próximo a su casa, encuentra la entrada a una ciudad sumergida. Una utopía a la que se aferran ambos protagonistas en su intento de superar una existencia que les puede y una ciudad que se desmorona.

De la misma forma en que Johnny cogió su fusil, el millonario y, para nosotros, súper valorado Ryan Gosling cogió la cámara para demostrar al mundo que, como director, también tiene mucho que decir. Su ópera prima como guionista y realizador viajó hasta Cannes donde la crítica le dio la espalda, algo que tampoco pudo enmendar a raíz de su estreno en Estados Unidos.

Ciertamente, esta puesta en escena tiene una fuerza visual innegable. Funciona muy bien la fotografía de Benoît Debie, y el propio Gosling arranca planos atractivos. Lástima que su guion sea tan endeble y que no haya sabido hilvanar las situaciones con solvencia. Al final, ese sentimiento de compadreo que suele haber cuando un actor consagrado hace sus pinitos en la dirección, el film se valora con mayor benevolencia. Ayuda  la presencia habitual de actores amigos, que colaboran con la estrella y hasta justifican su aportación, como el caso de Eva Mendes, Ben Mendelsohn, o Christina Hendricks, compañera de reparto en Drive.

Billy –C. Hendricks- es madre de dos hijos y vive en una ciudad que se descompone -¿Detroit?-. A Bones –Saoirse Ronan-, el mayor y en plena adolescencia,  le advierte un amigo que debería marcharse de aquellas calles, un lugar al que nadie vuelve. A su alrededor todo se descompone, la hierba crece indiscriminadamente y las paredes llenas de grafitis se echan abajo para conseguir un trozo de cobre que pueda ser vendido. Por ello, Bones se encuentra en el punto de mira del matón del barrio, al tiempo que el banco acucia a su madre después de tres meses de impagos.

A Billy le ofrecen un enigmático trabajo que le abocará a un mundo de excesos y locura hasta que Bones descubre, en las profundidades del lago próximo, la entrada a una misteriosa ciudad. Esa localidad sumergida, que también alberga sus propios arcanos, será la válvula de escape para los protagonistas y, tal vez, la solución a sus problemas.

Rodada como si de un cuento se tratase, el peso de la historia recae sobre el personaje de Christina Hendricks, que no puede sacar adelante un personaje tan vacío y casi inocuo como sucede con el resto de los principales papeles. Si uno echa la vista atrás, hay mucha relación entre el cine frío, distante y deslavazado de Ryan Gosling con los caracteres que le han proporcionado una mayor fama.

A ello contribuye el aprendizaje a que se ha visto sometido y sus propias preferencias, que resultan difíciles de cambiar. Hay retazos de Terrence Malik en esta propuesta, pero sobre todo de David Lynch. Tampoco podemos olvidarnos de Nicolas Winding Refn. Evoca demasiado esta película a Solo Dios perdona en su puesta en escena, aunque también nos remite a Blue Valentine de Derek Cianfrance.

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From → Cine

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