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La profesora de historia (Les héritiers) (**)

28 abril 2015

En un Instituto de Créteil, la profesora Anne Gueguen se enfrenta a un nuevo curso. Es la tutora de una clase con alumnos tan conflictivos como los del año anterior o los que llegarán dentro de doce meses. Esta vez les desafía a participar en un concurso de historia y, con ello, consigue que los chicos se abran y trabajen en equipo.

El tercer largometraje de la francesa Marie-Castille Mention-Schaar ha elegido una historia basada en un hecho real. Dado que también es la autora del guion, hemos de suponer que se trata de un hecho biográfico o, cuando menos, que ella conoció de primera mano. La acción transcurre en un instituto de Créteil, una localidad dormitorio situada a unos quince kilómetros de París. La profesora de historia Anne Gueguen –Ariane Ascaride- es la tutora de una clase usualmente conflictiva compuesta por un variopinto conglomerado de adolescentes, la mayoría de ellos marginales, que habitan en la ciudad dormitorio.

A pesar de las dudas y pequeñas trabas del director del centro –Xavier Maly-, ella insiste en sacar adelante el curso y en conseguir los máximos aprobados posible. Su idea pasa porque toda la clase participe en un concurso nacional sobre los niños y los adolescentes en el sistema de concentración nazi. Los chicos comienzan a implicarse y también a abrirse, tanto a sus compañeros como a la educadora. Sucede en un liceo en el que cohabitan todo tipo de razas y religiones. Incluso hay casos en los que se produce el cambio en pleno curso, como Olivier/Brahim –Mohamed Seddki-. Desde el principio, queda claro el lugar donde nos encontramos cuando los responsables del centro se enfrentan con una alumna y su familia por la insistencia de esta última a llevar velo, prohibido por la normativa gala.

En este film hay que distinguir entre la puesta en escena y el guion. La primera supera con creces al segundo apartado. Gracias a secuencias en las que Marie-Castille Mention-Schaar ha llegado a utilizar hasta tres y cuatro cámaras, para dar la sensación de que los espectadores están metidos dentro de la propia aula, podemos hablar de compromiso y oficio. Posiblemente, abuse de los planos cortos para acentuar su propuesta. Sin duda, buenas razones para justificar la nominación al César a la mejor ópera prima. Por el contrario, hay pasajes más próximos al documental que a la ficción, con monólogos que resultan excesivos y el recurso del nazismo, que no aporta novedades respecto a lo visto con anterioridad en la pantalla.

El guion se queda por debajo en varios aspectos. Es difícil admitir que la clase se rinda a la profesora Gueguen desde el principio cuando su comportamiento con otros profesores es totalmente opuesto. Se insiste poco, o casi nada, en el entorno de los alumnos, lo que evita conocer con profundidad los motivos de algunos protagonistas. Ni siquiera poseemos datos suficientes del entorno privado de la protagonista.

Con una interpretación aceptable, la radiografía de los habitantes del instituto de secundaria de Créteil dista mucho de otros proyectos, especialmente de La clase -2008-. En ella, Laurent Cantet ponía el acento en un microcosmos que representaba al país entero. Para ello, necesitó un metraje mucho más extenso. Probablemente, eso le ha faltado al film de Marie-Castille Mention-Schaar quien, no obstante, firma su mejor trabajo detrás de las cámaras después de dos producciones de escaso éxito de crítica y público.

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From → Cine

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