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El gurú de las bodas (The Wedding Ringer) (**)

6 mayo 2015

Dough, un ejecutivo con sobrepeso, está sólo a dos semanas de casarse con una atractiva rubia. Sin embargo, carece de amigos y también de padrino. La situación es tan complicada que se pone en manos de Jimmy Callahan, quien facilita a los novios la solución a ese problema. Sólo que, en este caso, la empresa resulta mucho más complicada.

Con el título de esta película y las principales figuras de su reparto, ya nos hacemos una idea de lo que nos vamos a encontrar en esta ópera prima de Jeremy Garelick. La presencia de Josh Gad y de Kevin Hart, la estrella de las dos entregas de En qué piensan los hombres, son un reclamo para unos y un aliciente para que otros decidan emplear el tiempo en distintos menesteres. El primero encarna a Dough Harris, un tipo con un buen sueldo, apartamento con vistas y que tiene previsto contraer matrimonio dentro de dos semanas.

Si no hubiese problemas, no habría historia. Dough es huérfano aparte de entrado en kilos y bastante patoso que tiene más que suficiente con casarse con una atractiva rubia, Gretchen Palmer, interpretada por Kaley Cuoco-Sweeting, una de las actrices referentes de la serie Big Bang. Su novio está encantado con los esponsales, ya que es difícil que una mujer como ella se fije en un hombre de sus características. Pero no tiene amigos. Ni siquiera uno que pueda ejercer de padrino. Por eso contacta con Jimmy Callahan –Kevin Hart-, capaz de adoptar cualquier personaje para ejercer es labor.

Su negocio va viento en popa puesto que son muchos más de los esperados en esta sociedad de incomunicación quienes tienen problemas para encontrar un padrino de bodas. Lo malo es que dispone únicamente de quince días para encontrar a siete amigos y meterse en el papel de un reverendo castrense llamado Bic Mitchum. Al final, presenta a un grupo de individuos estrafalarios capaces de desalentar a cualquiera.

Lo que se ofrece en la pantalla es una sucesión de gags más o menos escatológicos, algunos más divertidos que otros. Kevin Hart y Josh Gad están bastante más contenidos de lo que se podía prever en un film que, sin ser brillante, supera por muchos metros a un tráiler que, por sí mismo, invita a no sacar la entrada si eres mínimamente exigente. Por lo menos, en ningún momento se pretende dar la imagen de lo que no es. Con un bache profundo a mitad de la cinta, termina siendo un canto a la amistad frente a la época mercantilista que nos ha tocado vivir. No tiene mensaje ni moraleja. Sólo explica, aunque sea superficialmente, una situación que los norteamericanos entienden bastante mejor que nosotros.

En esta búsqueda no demasiado inteligente de la diversión, los errores se encuentran más en la parte técnica –dirección y montaje- que en la artística, si bien Kaley Cuoco-Sweeting tiene un papel no demasiado brillante en una comedia donde las féminas tampoco salen demasiado bien paradas. El argumento y los diálogos dan preferencia a los varones, que se desenvuelven ante las cámaras como si ellas no existieran o fuesen un elemento más de la decoración. Hay momentos facilones, como el baile que, al son de varios estilos, se marcan los dos protagonistas; o chistes no demasiado inteligentes, como suponer que Tom Jones es negro. Por el contrario, cuanto más se desmadra, es cuando alcanza las mejores cotas de humor.

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From → Cine

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