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Son a Gun (***)

26 mayo 2015

Un joven entra por primera vez en la cárcel tras cometer un delito menor. Dentro de la prisión se encuentra protegido por uno de los criminales más famosos de Australia, pero ese favor le exige un pago a cambio. Como contraprestación, cuando recupere su libertad tendrá que prestarle ayuda exterior para ayudarle a huir.

El principal reclamo de este film del debutante Julius Avery es el actor británico Ewan McGregor. No resulta extraña su presencia en una producción de las antípodas, puesto que, tras un período oscuro en el aspecto personal, le hemos visto en muy variados papeles, como el padre de la familia protagonista de Lo imposible. En este caso, encarna a Brendan Lynch, uno de los criminales más famosos de Australia.

A la prisión donde cumple una larga condena y en la que juega al ajedrez con un adversario del exterior, llega JR –Brenton Thwaites- un joven de 19 años que arrastra sobre sus espaldas una pena de seis meses por un delito menor. Tras ayudar a su compañero de celda contra un grupo de violadores, se encuentra con un problema del que le sacan Peter y sus dos secuaces después de que le hubiera mostrado sus dotes como ajedrecista. Pero la ayuda no es casual, ya que JR deberá ayudar a Brendan desde el exterior para que se fugue.

Una vez fuera del penal, continúan su colaboración, que en el caso del joven huérfano es dependencia, aunque desde el momento en que conoce a Tasha –Alicia Vikander-, contribuirá decisivamente a que se replantee muchas cosas porque, como ella dice, las cosas no son como las imaginamos. Con antiguos compinches, Brendan prepara un golpe que les proporcionará los suficientes réditos como para salir del país y vivir cómodamente en algún otro lugar. Comienza entonces una cadena de engaños y traiciones que condicionarán la existencia de la mayoría de los personajes.

La cinta, que toma la apariencia inicial de un drama carcelario, termina convirtiéndose en un thriller de acción en el que, este tipo de escenas reluce sobre las demás. Un punto a favor para Julius Avery, que demuestra más talento como director que como guionista. Aunque no decae el interés, poco a poco, la película se convierte en más convencional a medida que avanza, de forma que, cuando se acerca el desenlace, nos imaginamos cómo y por qué van a suceder las cosas. Problemas de los planteamientos interesantes que no se sabe la manera de rematarlos.

Todo es según como se mire, porque si entendemos que el argumento gira en torno a un convicto que cambia la protección dentro del penal por ayudar al interno que lo cobija cuando recupere su libertad. Luego, conoce a una chica con problemas, usualmente a sueldo del criminal de turno, quien se ve engañado por sus antiguos compinches cuando sale de prisión. Nada nuevo. Una historia que hemos visto muchas veces en la gran pantalla. El mérito, en este caso, es que nos encontramos con una película sin altas pretensiones cuyo interés se mantiene hasta el final.

No hallamos nada sobresaliente en esta producción, que a punto estuvo de quedarse restringida a su mercado de origen, pero aprueba prácticamente en todo. La puesta en escena es más que notoria para un debutante y la interpretación es correcta, tanto por parte de Ewan McGregor como por la del protagonista Oculus: el espejo del mal, o la de la actriz que encarna el inquietante robot de Ex Machina. Quizá, echamos en falta algún exterior más interesante de la siempre fotogénica Australia, pero nos contentamos con lo que hay.

From → Cine

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