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It Follows (***)

28 mayo 2015

Una joven tiene un encuentro sexual al término del cual el chico le da una serie de indicaciones. Según parece, le ha pasado una terrorífica situación, ya que a partir de ese momento verá como un espectro se dirige hacia ella con el propósito de matarla. Hay un medio de deshacerse de la visión: haciendo el amor con otra persona.

Después de El mito de la adolescencia, el estadounidense David Robert Mitchell escribió y dirigió un relato que habla de sus miedos más ancestrales. Del temor infantil a ser perseguido por alguien. En el film hace un guiño a esa situación cuando, en una de las primeras secuencias, el personaje de Hugh –Jake Weary- dice que quiere ser un niño de corta edad, porque siempre está atendido por sus padres y carece de preocupaciones.

Hay también, y sobre todo, un homenaje más que evidente a John Carpenter y, fundamentalmente, a La noche de Halloween (1978). No solo a él, sino que se evidencia una propuesta que recuerda a los slashers de la época, e incluso posteriores. Mitchell no ha hecho más que añadir una estética muy actual, que se ve favorecida por un ritmo lento, casi masticado, aportando una idea prácticamente olvidada: lo desconocido es, precisamente, eso. Desconocido. Algo en lo que Howard Philips Lovecraft y algunos de sus discípulos, como Robert Bloch, fueron auténticos maestros.

La cinta muestra un arranque difícil de mejorar. En un plano secuencia, una joven huye de una casa, corre a la de enfrente, coge un coche y se marcha. En la playa llama a su padre para decirle que le quiere. Luego, se la ve desmembrada. La acción se centra seguidamente en Jay Height –Maika Monroe-, su hermana Kelly –Lili Sepe-, y sus amigos Yara –Olivia Luccardi- y Paul –Keir Gilchrist-.

A sus 18 años, Jay tiene una aventura sexual con Hugh, tras lo cual él la duerme y, al despertar la confirma una situación nada agradable. Al hacer el amor, le ha pasado un extraño don por el que se verá perseguida por un ente que querrá matarla. Puede transmitirlo acostándose con otra persona, pero si muere antes, esa especie de maldición recaerá nuevamente en Hugh. El muchacho desaparece esa noche y la historia se centra en el intento de los cuatro amigos por deshacer el encanto mortal.

La película destaca por su puesta en escena. Tiene momentos interesantes y, en algunas fases, provoca verdadera angustia. Sin embargo, presenta elementos muy opacos en el guion. Por ejemplo, se centra demasiado en los jóvenes –otra reminiscencia de Carpenter-, hasta el punto de que los adultos son meras comparsas de atrezzo. ¿Qué pasa con los padres de los protagonistas? El hecho de que la angustia se propague a través del acto sexual nos remite a epidemias como el sida, pero también evoca la ocasión perdida para una producción subida de tono, incluso porno. Quizás, no tarde mucho un productor avispado en hacer su propia versión ese sentido. Probablemente, antes de que se estrene la anunciada secuela de este film.

Esta especie de tú la llevas con preservativo, se descose al final, desembocando en un par de situaciones obvias que deslucen el conjunto. Si la música de Disasterpeace –Richard Vreeland- se construye a base de sonidos y ruidos, resulta mucho más aparente la fotografía de Michael Gloulakis. Tanto en los planos cortos como en las bellas tomas con colores ocres del final del verano en Michigan, consigue ilustrar con buen tono la planificación de Mitchell.

From → Cine

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