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Aprendiendo a conducir (Learning to drive) (***)

2 julio 2015

Historia sobre la amistad entre dos personas muy diferentes en la caótica ciudad de Nueva York. Wendy es una crítica de libros que vive en Manhattan y cuyo matrimonio termina desmoronándose. Darwan es un solitario  refugiado político sij que se gana la vida como taxista e instructor de autoescuela.

Presentada fuera de concurso en el pasado Festival de Málaga, la segunda película de la cineasta Isabel Coixet en Estados Unidos supone también su segunda colaboración con los actores Ben Kingsley y Patricia Clarkson. Si Elegy era un drama romántico, en esta ocasión se inclina por una propuesta cercana a la comedia, que dista mucho de alcanzar las cotas de las mejores obras de la realizadora de San Adrián de Besós. Lo cierto es que Coixet se mueve mucho mejor en el drama, aunque sería más oportuno afirmar que en la tragedia, como queda patente en ejemplos de la talla de Mi vida sin mí o Cosas que nunca te dije.

Tiende la guionista y realizadora a ensalzar a sus protagonistas femeninas que, a la postre, conforman el eje de sus propuestas. Casi siempre, comienzan mostrando una debilidad que contrasta con su personalidad final, después del proceso de conversión experimentado en el film. Emma no es ajena  a esa tesis. Se viene abajo porque su marido Ted –Jack Weber- ha decidido divorciarse para vivir con una escritora de relatos cortos. Al tiempo, su hija –Grace Gummer- ha dejado temporalmente los estudios para marcharse con su novio a una granja de Vermont. Una vez que toma la decisión de poder visitarla, decide aprender a conducir para sacarse el carné y, posteriormente, comprar un automóvil.

El profesor elegido es Darwan, un refugiado político hindú de la casta Sij. Casualmente, fue testigo de la bronca de separación entre Emma y Ted, lo que no dejó de ser chocante para una persona tranquila, especialmente devoto y que encuentra en la oración la mejor medicina para no perder el control. Se trata de una persona en apariencia contrapuesta a la de su nueva alumna, sin que por ello su riqueza cultural sea menor, aunque diametralmente opuesto. Vive en un pequeño sótano junto a otros refugiados, de los que se distingue porque es el único en posesión de la ciudadanía estadounidense, mientras que ella se desespera por la perspectiva de abandonar su hogar de toda la vida, ahora demasiado amplio para una sola persona.

Las diferencias entre ambos, tanto de ilustración como de sentimientos, van confluyendo a medida que se suceden los encuentros y las vicisitudes de la conducción hasta que aparece en escena una mujer proveniente de India y que se convertirá en la esposa de Darwan merced a un matrimonio concertado. Al tiempo, su alumna logra obtener el carné y se nota que cada día posee una mayor fortaleza para afrontar el futuro. Todo ello salpicado con una mixtura musical que también pretende unir a los dos países de procedencia.

La puesta en escena de Isabel Coixet en, la mayoría de ocasiones, correcta, aun que le sobran algunos planos que bien pudieran colocarse en el debe del montaje. Se resiente en el ritmo del largometraje, mucho menos trabajado que el guion tan formal como predecible de Sarah Kernochan, basado en un artículo periodístico. Hay pocas cosas que sorprendan en el film y, aunque se espera una relación que se incremente paulatinamente entre los personajes de Kingsley y Clarkson, que cumplen con su papel, el desarrollo de la historia adelanta paulatinamente un final que parece cortado a machete.

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From → Cine

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