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Elsa & Fred (**)

8 julio 2015

Un octogenario, tras quedarse viudo, se traslada a un piso más pequeño. Como vecina tiene a una mujer de su generación que, tras su reticencia inicial, se aproxima al recién llegado hasta conseguir que recupere la alegría de vivir. Por si fuera poco, insiste en que se haga realidad su viejo sueño de revivir la célebre escena de la fuente de La dolce vita.

Cada que se presenta una pareja de ancianos en la que el caballero se llama Fred pensamos de inmediato en el film con el que Federico Fellini homenajeó a Fred Astaire y Ginger Rogers por medio de Marcello Mastroianni y Giuletta Massina. Sin embargo, Elsa y Fred, la cinta firmada en Estados Unidos por Michael Radford se basa en una producción hispano argentina del mismo título que en 2005 dirigió Marcos Carnavale con el protagonismo de China Zorrilla y Manuel Alexandre, quien firmó la mejor actuación protagonista de su carrera.

Nacido en Nueva Delhi, Radford es un trotamundos del cine. Capaz de optar al Oscar por El cartero y Pablo Neruda (Italia), también ejerció en España (La mula), firmó la mayor parte de su filmografía en Gran Bretaña, pero también rodó en Francia antes de debutar en Norteamérica con esta producción, que también cuenta con financiación mexicana y gala. El guion de Anna Pavignano sigue a pies juntillas la historia original, aunque se aprecia una mayor tendencia a la comedia en contraposición a la más contenida e intimista de Carnavale.

En síntesis, es un canto al amor y a la ilusión. El romance entre dos personas en la recta final de su vida es posible, y la película no sólo alimenta ese sueño sino que lo justifica. Fred Barcroft –Christopher Plummer-, que enviudó recientemente, se muda a una piso más pequeño en el que tiene como vecina a Elsa Hayes –Shirley McLaine-, una mujer que regatea a su enfermedad con una enorme fuerza vital. Mentirosa compulsiva, se cree sus propias patrañas, aun aunque en el horizonte sólo alimenta una quimera que siente prácticamente irrealizable: revivir la escena de La dolce vita en la que Anita Ekberg se baña en la Fontada de Trevi y reta a Marcello Mastroianni a que se una a ella bajo el chorro acuático.

Con un presupuesto nada desdeñable, esta comedia romántica de la tercera edad transcurre con elegancia y, a ratos, cierta brillantez. No alcanza los méritos del original, ni en la puesta en escena ni en la interpretación, pero Radford se luce con la fusión de secuencias en color y blanco y negro. Sabe que tiene un proyecto agradecido entre sus manos y por ello huye de los alardes para encomendarse a los dos ganadores del Oscar que encabezan su reparto. El desarrollo de la historia, ubicada en Nueva Orleáns y no en Madrid, sólo se ubica por un par de tranvías y en la secuencia final.

Quienes hayan degustado la cinta original no podrán por menos que percibir una cierta nostalgia porque, en ningún momento, esta versión se le acerca. Christopher Plummer se muestra elegante, pero no es el actor ideal para una comedia y a Shirley McLaine hace tiempo que, físicamente, se le ha marchado el tren. Intenta paliar sus defectos con una profesionalidad admirable y, aunque los diálogos son atractivos, tampoco puede mejorarlos. Además, los personajes secundarios pasan desapercibidos o no se les saca el partido necesario, y eso que el reparto se nutre de intérpretes como Marcia Gay Harden, o de los veteranos James Brolin y George Segal.

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From → Cine

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