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Mi familia italiana (Latin Lover) (****)

22 julio 2015

En su pueblo natal se conmemora el décimo aniversario de la muerte de Saverio Crispo, un actor que triunfó a su paso por todo el mundo. Para la efeméride se dan cita sus hijas, desperdigadas por medio mundo y dos de las que fueron sus esposas. Aparece también quien fura su doble, que parece conocerle mejor que nadie.

Sin duda, Cristina Comencini mamó el cine desde pequeña. Hija de Luigi Comincini, ha encontrado su mejor obra cuando ha mirado por dentro una industria que conoce al dedillo. Para ello, basa su película en un latin lover que se inició en el teatro y triunfó en el cine italiano, incluido el neorrealismo, antes de dar el paso a la nouvelle vage francesa, al existencialismo sueco, e incluso a Hollywood, pasando por los spaguetti western rodados en el sureste español.

Se trata de Saverio Cristo –Francesco Scianna-, que destacó en todas sus facetas artísticas, desde el teatro más comprometido a los musicales. Por supuesto, se trata de un destroza corazones, rodeado de mujeres durante toda su vida. Primero, se casó con Rita –Virna Lisi-, una compañera de trabajo, madre de Susanna –Angela Finocchiaro-, casada con un Walter – Neri Marcorè-, un editor cinematográfico. En Francia fue padre de Stephanie –Valeria Bruni Tedeschi- y España encontró a Ramona –Marisa Paredes-, madre de Segunda –Candela Peña-, que acude con su novio Alfonso –Jordi Mollá-, un viticultor de bragueta inquieta. Posteriormente, en Suecia fue padre de Solveig – Pihla Viitala- y en Estados Unidos de Shelley –Nadeah Miranda-.

La familia se da cita en una villa de la región de Puglia para conmemorar el décimo aniversario de la muerte de la estrella y más concretamente en una casa que tiene a Saveria como ama de llaves.  De esta forma, se perpetúa la aureola de una estrella a la que sigue de cerca un periodista, Marco Serra –Claudio Gioé- y cuyos actos de homenaje cuentan con la aportación de su biógrafo, Picci –Toni Betorelli-. Con quien no se contaba es con Pedro del Río –Lluis Homar-, quien ejerció como especialista en la mayoría de filmes de Saverio y quien, a la postre, parece que se trata de quien lo conocía en mayor profundidad.

Una historia coral en la que, como es lógico, la superficialidad del encuentro, así como la aceptación de los distintos familiares, se transforma progresivamente en una catarsis que hará ver las cosas de modo muy distintos a casi todos sus protagonistas. Todo ello, por el camino de la comedia, en ocasiones de la farsa, aunque siempre con la intención de quitar la careta a cada uno de personajes. Especialmente a ellas.

Cristina Comencini retrata a los hombres bajo el prisma de mujeriegos sin escrúpulos. Mentes que, con mayor o menor intelecto, pierden el sentido cuando se encuentran con cualquier cosa con faldas y que no ven más allá de sus narices, como el periodista que desea profundizar en la vida de Saverio. Pero las mujeres no salen mejor paradas. También ellas se derriten ante unos pantalones y se dejan llevar aunque sepan que están siendo engañadas.

La reunión familiar en torno a una figura masculina no es nueva, pero sí la forma en que Comencini la retrata. Nos presente a Saverio Cristo a través de documentales y fragmentos de sus películas. Es una mezcla de Vittorio de Sica, Marcello Mastroianni, Gian María Volonté, Vittorio Gassman e incluso Clint Eastwood. Desde el punto de vista de la puesta en escena, la realizadora muestra su experiencia y filtra un homenaje a genios como Ettore Scola, Federico Fellini, Mario Monicelli y hasta Sergio Leone. Con menos planos, podría entenderse cierta influencia berlanguiana.

La interacción de la historia del latin lover con las mujeres, y los hombres, que dejó en la tierra se efectúa de forma coherente, subrayada por una bella partitura de Andrea Farri y una interpretación casi siempre ajustada. Virna Lisi, con quien la directora trabajó en El mejor día de mi vida, se adueña de la pantalla, y Francesco Scianna cautiva en todas sus imágenes. Probablemente, la aportación de Candela Peña, que convierte su personaje de Segunda en la sobreactuada y sofisticada Candela Peña, sea la parte más débil de una producción brillante que tiene su punto de nostalgia, como cuando Toni Renis interpreta la archiconocida Quando, quando quando.

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From → Cine

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