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Señor Manglehorn (Manglehorn) (**)

13 agosto 2015

Al protagonista de esta historia no le queda más remedio que lamentar el amor perdido hace ya muchos años. Desde entonces no es feliz. Incluso, odia a todo el mundo, y por eso pasa los días atendiendo a su gata y entregándose a su trabajo de cerrajero. Aparentemente, nada puede sacarle de su abulia.

Suponemos que David Gordon Green ha querido reivindicarse de alguna forma tras dejarnos algunas astracanadas –Superfumados o Caballeros, princesas y otras bestias– que poco o nada tienen que ver con el responsable de Snow Angels. Este guion de Paul Logan, con el que llegó a competir en el Festival de Venecia, no le reivindicará como un director de gran calado, pero al menos deja algún detalle de que quiere ascender algún que otro escalón en la difícil escalera del prestigio.

Manglehorn –Al Pacino- no se enfrenta al mundo, pero deja que el mundo gire sin importarle lo que ocurra. Odia al resto de los seres humanos desde que, hace mucho tiempo, dejara escapar a su gran amor. Desde entonces le escribe cartas que le son devueltas. Después se casó, aunque nunca amó a su esposa, e incluso tuvo un hijo –Chris Messina- del que se encuentra muy distanciado.

Podríamos decir que un personaje así, apenas tiene cabida en el mundo actual. Su deseo es coger a su perra, embarcarse en su lancha y dejar el barco a la deriva. Sin embargo, notamos que tras esa pose se esconde algo bueno que, sin duda, puede merecer la pena. Se demuestra en el trato con su nieta o en el momento en el que acude a lo que él cree que se trata de un gimnasio regentado por su amigo Gary –Harmony Korine-, al que entrenó de joven, y se encuentra con un lupanar que provoca su ira.

Existe un rayo de esperanza en la persona de Dawn –Holly Hunter-, una empleada de banca de mediana edad a la que recurre todos los viernes y que, por circunstancias del destino, tienen una cita en la que ella le declare su interés por él. Incluso, desea que se bañen juntos. Manglehorn, fiel a sí mismo, consigue empequeñecerla hablando con excesiva nostalgia de su amor perdido, lo que da al traste con las escasas posibilidades existentes de que pudiera regenerarse.

Este personaje estrafalario y cascarrabias tiene su razón de ser en el actor que lo interpreta. Al Pacino da un curso acelerado ante las cámaras. Compone con acierto la figura del protagonista y hasta le saca un partido especial. Crece con él la película y se eleva mucho más cuando aparece en pantalla junto a Holly Hunter. Dos buenos actores y un texto entrañable y tierno, aunque sin demasiada dulzura, permiten que la película no se precipite al abismo, aunque raya en él más veces de lo necesario.

Por su parte, David Gordon Geen se luce intermitentemente con una puesta en escena arriesgada, en la que los encadenados parecen eternos, y en la que los personajes hablan de diferentes situaciones mientras en las imágenes se desarrolla otra diferente. Buen intento a ráfagas. Denota buena intención aunque no en todos los casos parezca que haya elegido la solución más correcta. En este aspecto, el film tiene a ser tan desgarbado como su personaje central. Habrá quien se sorprenda  y se entregue a ella con fascinación, pero el resultado, aunque loable, no es del todo redondo.

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From → Cine

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