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Corazón silencioso (Stille hjerte) (****)

3 septiembre 2015

En una casa de campo, Esther ha reunido a las familias de sus hijas para anunciarles que ha decidido poner fin a su vida, puesto que se encuentra aquejada de una dolencia terminal. Todos parecen de acuerdo en la solución, pero una vez que afloran ciertos conflictos, la decisión es más difícil de aceptar.

Después de algunas propuestas bastante erráticas, ha llegado el momento de congraciarnos con Bille August. No encontramos en esta propuesta al brillante cineasta de Pelle el conquistador, la película que obtuvo la Palma de Oro en Cannes antes de ganar el Oscar por delante de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Está visto que a August le sienta bien el drama y parece que ha disfrutado con este guion de Christian Torpe para tratar con delicadeza un asunto tan extremo como es la eutanasia.

En una Navidad, Esther -Ghita Norby- cita a sus hijas a Heidi –Paprika Steen, premio de interpretación en San Sebstián- y Sanne –Danica Curcic-. Se reúnen tres generaciones en una gran mansión que permite una estructura algo superior a la teatral, en la que participan ocho personajes, incluido el patriarca Poul –Morten Grunwald-, médico, quien será el encargado de poner fin a la vida de su esposa, aquejada de esclerosis lateral amiotrófica (ELA). En principio, tanto Heidi como Sanne están de acuerdo con la decisión tomada por su madre, aunque la evolución de los acontecimientos y los conflictos que se desatan durante esas jornadas obligarán a que todos duden acerca de lo acordado en un principio.

El guion propone los pros y los contras con respecto a la eutanasia y los transmite al espectador. Con la ayuda de la correctísima y ortodoxa puesta en escena de Bille August, la cinta va limando los aspectos más dramáticos de su contenido. En ciertos aspectos se muestra bastante engañoso puesto que el largometraje se desarrolla con absoluta humanidad; incluso, con una evidente condescendencia. De esta forma, todo transcurre con una extraña armonía ante los ojos del espectador. La gravedad y el dolor que provoca la decisión de adelantarse a la muerte queda dulcificada hasta el punto de que sus responsables huyen de que el público se encuentre gravemente afectado.

Con una gran interpretación, especialmente por parte de las actrices que forman parte del reparto, la película dejó huella en el festival de San Sebastián de 2014. En parte, por los fragmentos manipuladores aportados por August, brillante siempre en sus planos para enfatizar su propuesta y para que llegue de la mejor manera al patio de butacas. Por eso, al término de la proyección, se habla y se discute de las propuestas presentadas acerca de la decisión sobre la que gira el drama.

Un asunto difícil de tratar, que cada vez se muestra en la gran pantalla desde diferentes puntos de vista. Probablemente, por lo visto hasta ahora, Corazón salvaje sea el mejor ejemplo. Su carga emotiva y trágica se da la mano con los maestros existencialistas suecos y, aunque no le alcance para elevarse al podio de los mejores trabajos del cineasta danés nacido en Virum hace casi setenta años, sí que resulta suficiente como para reconciliarnos con su forma de trabajar y su manera de ver el séptimo arte.

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