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Everest (***)

17 septiembre 2015

Basada en los hechos reales que tuvieron lugar durante la primavera de 1996, cuando una impresionante tormenta de nieve se cebó con los miembros de una expedición promovida por una agencia turística norteamericana dirigida por el alpinista Rob Hall. Se recuerda aquella jornada de mayo como la más negra de la historia en el Himalaya.

La Mostra de Venecia se inauguró en las dos últimas ediciones con sendos trabajos de postín: Gravity y y Birdman. Se auguraba que con Everest se podría mantener la línea pero la tercera película filmada por el islandés Baltasar Kormákur  no está a la altura de las anteriores. Nadie duda de su espectacularidad ni de su valía como entretenimiento, pero el guion acumula demasiadas dudas que apenas han dejado posibilidades a su director para construir una aventura con pocos ingredientes más que lo convencional.

La conquista del pico más alto del mundo se ha convertido con el paso del tiempo en una aventura pero también en una atracción turística. La empresa de Rob Hall –Jason Clark- es una de las que organizan expediciones anuales cada primavera. Tiene en su haber el honor de que todos sus clientes han regresado con vida, principalmente porque sólo trabajaba con personas cualificadas, y en 1996 llevaba, entre otros clientes, al periodista John Krakauer –Michael Kelly-, al médico y experimentado escalador Beck Weathers –Joss Brolin-, la japonesa  Yasuko Namba –Naoko Mori-, segunda mujer de su país en superar los siete ocho mil del planeta, y al veterano escalador Doug Hansen –John Hawkes. En su casa dejaba a su esposa Jan Hall –Keyra Knightley-, también escaladora, pero que no pudo acompañarle debido a su estado de avanzada gestación.

Entre su equipo en la montaña, además del sherpa Ang Dorjee –Ang Phula Sherpa-, figuraban la veterana galena Hel Wilton –Emily Watson-, y otro personal de apoyo. Más adelante, se uniría con un grupo neozelandés liderado por Scott Fischer –Jake Gyllenhaal-, cuyos puntos de vista respecto a sus clientes distaban mucho de los de Rob, pero aun así contaba con la presencia de Anatoli Bukréyev –Ingvar Eggert Sigurôsson-. El equipo de escalada se completaba con otro experto, Guy Cotter – Sam Worthington-.

Lo primero que llama la atención es el ramillete de personajes, sustentados por un buen reparto. Demasiados para centrar el foco en los problemas de cada uno de ellos. Si tenemos en cuenta que buena parte del film se desarrolla sobre la nieve o en medio de una gran tormenta, la dificultad de reconocerlos es fundamental. De ahí que el director haya trabajado sobre todo con planos cortos y medios, lo que resta espectacularidad al producto, aun a pesar de una brillante puesta en escena tridimensional, de los eficientes efectos especiales y de algunas secuencias sorprendentes de puentes inseguros que vencen precipicios profundos.

Prácticamente una hora tardan los protagonistas en coronar la mítica cumbre. Un tiempo similar ocupa el descenso y el drama correspondiente. Se incluyen sorprendentes imágenes de Nepal y otras no tan sobrecogedoras del Everest como se esperaban. Si excluimos el escalón de Hillary, a 8769 metros, simulado en estudio, pocas cosas llaman la atención de los exteriores si hemos visto instantáneas o documentales sobre la máxima elevación del Himalaya. Tras aclimatarse los expedicionarios, durante dos o tres días, en la zona de la muerte del collado sur, comienza la ascensión propiamente dicha. Ni siquiera se ofrecen  vistas panorámicas desde el balcón, a 8.400 metros.

El argumento podría haber profundizado en algunas cuestiones que simplemente se esbozan, como por ejemplo que la subida al Everest se haya convertido poco menos que en una atracción turística. Muchos desperdicios en la montaña y aglomeración humana al coincidir varias expediciones, algunas de ellas con gente muy inexperta. Igualmente, se muestran líneas débiles de los enfrentamientos entre los líderes de cada grupo o el compañerismo propio del deporte.

La película, de todas formas, es grandilocuente, pero se le podría haber extraído mucho más jugo. Finalmente, se queda en una aventura lastrada por la dificultad de reconocer a unos personajes en cuyo drama particular tampoco se profundiza demasiado. No es el Titanic de la montaña, aunque pudo haberlo sido.

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From → Cine

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