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Hitman 47

1 octubre 2015

El Agente 47 es el asesino perfecto tras haber sido tratado genéticamente durante su infancia. Junto a Katia van Dees, su misión consistirá en eliminar a dos objetivos mientras su mayor enemigo, El Sindicato, busca a quien le modificó para poner en marcha de nuevo el proyecto de creación de un súper asesino.

Por Juan Pedro de Frutos

El cineasta debutante en la gran pantalla, Aleksander Bach, nos trae el remake de la cinta homónima basada en el videojuego Hitman, y de cuyo guion se encargaron Michael Finch, Kyle Ward y Skip Woods (La jungla: un buen día para morir), que repite en la franquicia.
En lo que respecta al elenco, Rupert Friend (El niño con el pijama de rayas) encarna al agente 47; Zachary Quinto (Star Trek: En la edad oscura) pone cara a John Smith y Hannah Ware (Oldboy) hace lo propio con Katia van Dees.

Hitman: Agente 47 pese a compartir título y protagonista con el videojuego, su parecido con éste roza la caricatura en el menos amable de los casos. Del sigilo y perfección que nos exige el mando, pasamos a una orgía de disparos, persecuciones y escaramuzas a lo largo de varias localidades elegidas más por su gran belleza artística que en pos de la lógica. Es en este punto donde subyace el gran problema de la cinta, el guion. Sin llegar a ser contradictorio, resulta previsible, torpe y carente de giros argumentales, pues todos los que podía haber se desvelan o se hilan antes de la primera media hora, lo que deriva en un carente de atractivo de los siguientes sesenta minutos de película.

Por buscar una comparación, es como en pleno mes de agosto, en la playa, ir a tomar una cerveza y que a los dos sorbos se nos caiga encima. Aunque por otro lado, si en vez de en otoño, este remake hubiera visto la luz en los meses estivales cuando los espectadores son menos exigentes, las sensaciones habrían sido algo distintas; pero seguiría fallando en lo que se espera de un film de acción, el entretenimiento. Vamos, todo lo contrario que la franquicia nacida en la videoconsola. Esencia que Aleksander Bach no ha sabido llevar a la gran pantalla y en la que existe mucho más que asesinar a diestro y siniestro por encargo, sin necesidad de “ingeniería literaria”.

Curioso, cuanto menos, en una época en la que el ocio electrónico en su búsqueda de lenguaje propio se mira mucho en el cine, y que directores como Hideo Kojima han sabido tratar acción y narrativa con una maestría superior a muchos de los intentos de cineastas de Hollywood por llevar juegos reconocidos a la gran pantalla.

Fruto de este desacierto atendemos a una caracterización plana del trío protagonista. Si bien, nunca es fácil encarnar a asesinos sin emociones, pero cuando los delirios de grandilocuencia de un guion tratan de tocar temas trascendentales, los pequeños matices de cada actor marcan la diferencia. Razón por la que Bardem fue galardonado por la Academia y del que muchos deberían haber tomado mejor nota. Aunque quizá, lo más destacable es que mientras en Hitman, así como en otros videojuegos de relevancia, se opta por los héroes maduros, más acorde con el público que ha crecido con ellos desde los ochenta, los cineastas se empeñan en obviar dicho target. Parece que prefieren saciarse a sí mismo en sus obras que a los propios espectadores.

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