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El rey de La Habana (**)

14 octubre 2015

El joven Reynaldo es acusado de un crimen que no cometió. Al poco de alcanzar la mayoría de edad se escapa del centro penitenciario en el que está recluido y comienza a sobrevivir en La Habana. Alabado por sus por sus dotes sexuales, comparte su vida con dos prostitutas: una vendedora ambulante y un travesti refinado.

Dos hermanos se masturban cuando contemplan a una desinhibida vecina como tiende la ropa. Reprendidos por su madre, el mayor la aparta con tan mala fortuna que la mujer se enreda en los pelados cables de la luz y muere. Su hijo mayor, sintiéndose responsable, se arroja al vacío desde la azotea al tiempo que su abuela fallece por un paro cardíaco. La policía tiene las cosas muy claras: Reynaldo, el chico más joven, empujó a su madre antes de hacer lo mismo con su hermano. En cuanto a la abuela, su muerte fue natural.

Así comienza la versión cinematográfica que Agustí Villaronga filmó partiendo de la novela de Juan Pedro Rodríguez. Se trata de un texto, duro, descarnado, con enorme carga sexual que refiere las penurias de los habitantes de La Habana en pleno régimen castrista, donde una de las peores cosas que podían suceder era ser pobre en un país pobre. Un buen ejemplo es Reynaldo –Mikol David-, que consigue escaparse de la cárcel y se encuentra con la madre de Magdalena quien, a la vista de sus atributos le bautiza como El Rey de La Habana.

El relato va como anillo al dedo a un cineasta de Agustí Villaronga, que debutó en el festival de Sitges de 1987 con Tras el cristal y alcanzó su mayor gloria en 2010 con su Goya por Pa Negre. Su cine hermético, casi claustrofóbico, podía tener su culmen con la historia de este muchacho desarraigado, un superviviente que no sabe ni leer ni escribir. El resultado es una película sucia, por el ambiente y por la categoría de sus personajes.

Tras reducir la novela a los pasajes de Rey con dos prostitutas, se centra en las vivencias de un trío muy peculiar. Yunisleidi –Héctor Medina Valdés- es un travesti refinado, mientras que su vecina Magdalena vende cucuruchos de maní. Interpretada por Yordanka Ariosa, su personaje es realmente exigente. Implica que su actriz se arroje al barro sin miramientos y su buen trabajo se alzó con justicia el premio de interpretación en último Festival de San Sebastián. Ambas están encaprichadas con un protagonista que apenas les ofrece otra cosa que sus genitales. El centro de La Habana en que se centra el film huele a sexo, y la película también.

Sin embargo, Villaronga ha dirigido un film lúgubre sin mostrar el talento que atesora. cumple con oficio, pero enlaza secuencias que apenas tienen más hijo conductor que un muchacho que ni cae simpático, mucho menos que en la novela, y por quien el espectador no siente piedad. Incluye pinceladas de la situación en la isla, que impide a los nativos acceder a la playa de Varadero, mantiene una perceptible crítica social, y mezcla situaciones sin ton ni son, como la posesión de Magda, la llegada del fenómeno de El Niño, o los hurtos continuados de aquellos que no encuentran salida. Ni siquiera la policía parece buscar a Reynaldo después de su huida de la cárcel.

Quizá, por pretender asentarse en una posición ecléctica, políticamente correcta, al cineasta nacido en Palma de Mallorca deja de lado muchas cosas. Su buen hacer tras la cámara se demuestra en el plano final y hasta en la utilización de los efectos especiales, pero esta historia requería un film hecho más con las tripas que con el cerebro. Una vez más. Agustí Villaronga firma una producción fría, aun con la elevada temperatura de algunas imágenes y la abundancia de sexo. La Habana, en aquellos años, era otra cosa que el reflejo de un simple bribonzuelo que se aprovecha de su físico en un callejón sin salida.

From → Cine

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