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Mi gran noche (***)

22 octubre 2015

Se graba la emisión de un programa de Nochevieja para una cadena de ámbito nacional. Por un lado, los figurantes; por otro, los artistas. Allí está Adanne, la joven figura ídolo de jovencitas. También Alphonse, un veterano de trayectoria intachable. Sin embargo, alguien quiere matarlo mientras las dos estrellas pugnan por actuar en la hora de máxima audiencia.

Una película de Álex de la Iglesia que suena a encargo, con Raphael como protagonista y titulada como la canción de Adamo que significó uno de los primeros grandes éxitos del intérprete jienense. Suena a casi todo menos a una joya cinematográfica. Sin embargo, hay elementos en esta tragicomedia coral que desembocan en un auténtico hallazgo. Y es que el cine, especialmente sus últimas propuestas, del director  bilbaíno no deja indiferente. Una parte del público odia sus exageraciones, que tienen a mofarse de la típica pandereta patria; otra parte, con menos prejuicios, se ríe de sus locuras calculadas, aunque resulten tan amplificadas que del acierto al yerro sólo hay una secuencia. A veces un plano.

Jose –Pepón Nieto- es reclamado por una ETT para que acuda de figurante a la grabación de un programa de Nochevieja para una gran cadena televisiva nacional. Allí conoce a Paloma –Blanca Suárez-, una gafe que manda al hospital a todos sus novios. Son dos seres marginados que no tardan en entenderse. Fuera del estudio, empleados de la cadena se enfrentan a la policía ante la amenaza de despidos, cuya lista ha elaborado Benítez –Santiago Segura-, cara visible de la empresa. Mientras, Rosa –Carmen Machi-, la realizadora, se esfuerza por hacer bien su trabajo junto a su novia y mano derecha Amparo –Carmen Ruiz-.

Entre idas y venidas del regidor –Luis Callejo-, los presentadores –Hugo Silva y Carolina Bang-, pareja en la vida real, se tiran constantemente los trastos a la cabeza. Mientras, entre bambalinas, dos estrellas pugnan por protagonizar la actuación de máxima audiencia. Adanne –Mario Casas- es el exponente clásico del intérprete latinoamericano triunfador, aunque en su caso piensa con la bragueta y su representante, Perotti –Tomás Pozzi-, tiene que ir pagando los escándalos sexuales de su artista. Alphonse –Raphael- lleva cuarenta años en el mundo del espectáculo. Es el más grande, pero ese día intentan matarle entre Yuri –Carlos Areces-, su hijo adoptado- y Óscar García –Jaime Ordóñez-, quien se sabe todas las canciones del ídolo, pero que sólo ha recibido hasta ahora su desdén. En medio, Soriano –Enrique Villén-, intenta sacar tajada.

Como sucediera en Muertos de risa, el guion de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría no deja títeres con cabeza. Arremete contra el medio televisivo, la rivalidad del estrellato, la crisis económica y, en general, contra to lo que se mueve o pasaba por allí. Dirigida con esmero, apoyándose en números musicales coreografiados por Poty Castillo, el trabajo del director es elogiable, aunque sus excesos convierten la película en una montaña rusa. Sus personajes deambulan en plena marejada con aciertos incontestables y petardazos mayúsculos.

Raphael no ha mejorado como actor desde los tiempos de sus películas con Mario Camus o Javier Escrivá, pero cuando dice no conocer a Julio Iglesias, da un subidón. Le arrolla en su trabajo un Mario Casas magnífico, que se ríe de él y de todos, como la gafe Blanca Suárez. Se agradece la presencia de Terele Pávez, y Jaime Ordóñez, surgido de los sketches de José Mota, encarna un psicópata adorable y magnífico.

Cierto es que la mayoría de los intérpretes pondrán muy caros los Goya, con excepción del cabecera de reparto, Carlos Areces y Santiago Segura, que fuera del histrionismo se maneja con dificultad. Las situaciones grotescas y disparadas, funcionan, pero todo es deslavazado, demasiado esperpéntico y, en ocasiones, muy fuera de lugar. Es el cine de Álex de la Iglesia, el de la tragedia ocultada por el humor, como le sucedía al protagonista de Balada triste de trompeta. Sus personajes están abocados a correr la peor de las suertes y, como casi siempre, el final es acelerado y poco imaginativo.

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From → Cine

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