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Grandma (****)

19 noviembre 2015

Elle acaba de romper con su novia Olivia. De repente, aparece en su casa su única nieta con la intención de pedirle seiscientos dólares con la intención de sufragar un aborto. Ambas mujeres inician una carrera contra reloj para conseguir el dinero antes de la hora fijada por la clínica para la intervención.

Parafraseando la canción, hay películas que entran en tu vida sin anunciarte, como lo hace esta comedia agridulce de Paul Weitz, el responsable de American Pie (1999) quien, hasta ahora, no había dado señales de que pudiera escribir un guion tan inteligente y cuajar una película tan entrañable. Con aires de cine independiente, bajo presupuesto y una historia en apariencia pequeña, la cinta te atrapa aunque no lo pretendas. No en vano clausuró la última edición del Festival de Sundance.

Dividida en seis capítulos, pero sin perder la línea de acción y tiempo, la primera secuencia es toda una declaración de intenciones. Elle Reid –Lily Tomnlin-, una poetisa madura, que representa una edad muy superior al medio silo del que se habla en la película, rompe con su novia Olivia –Judy Greer-, después de cuatro meses de romance. La protagonista es una poetisa que gozó de gran reputación hace años pero que lleva tiempo sin publicar a pesar de su condición de académica. En apariencia se trata de una mujer dura y canalla, aunque no pueda reprimir sus lágrimas en soledad.

Tras la ruptura aparece en su casa Sage –Julia Garner-, su nieta de 18 años, para decirle que está embarazada y tiene hora esa misma tarde para abortar en una clínica especializada. Necesita seiscientos dólares, pero es incapaz de pedírselos a su agresiva madre –Marcia Gay Harden- y busca la complicidad de su abuela. Elle acaba de pagar todas sus deudas, apenas dispone de cuarenta dólares y ha destrozado su tarjeta de crédito en una de sus habituales acciones irreflexivas.

Las dos mujeres inician un viaje contra reloj para visitar a una serie de conocidos que sacarán a la luz los ecos del pasado, como la pareja fallecida de la protagonista, Victoria; una amiga transexual; y Karl –Sam Elliott-, el hombre con quien llegó a estar casada. Después de una situación apasionante mientras toman un café, tampoco tiene desperdicio su visita al novio de Sage, un estudiante inmaduro llamado Cam –Nat Wolff-. Finalmente, las circunstancias obligan al encuentro de la madre, su hija y la nieta, quienes no pueden negar que son ramas de la misma raíz. Su carácter fuerte oculta un poso de la sensibilidad y ternura que les parecían negadas.

El argumento, en apariencia, resulta menor, no así los diálogos. Tanto el texto como el desarrollo de esta producción la convierten en un auténtico hallazgo que llega a ser tremendamente original. Cada uno de los personajes que aparecen en escena resulta incuestionable, aunque todos ellos pasan por el catalizador de una interpretación con mayúsculas. Con su primer trabajo cinematográfico, Nashville (1975), fue candidata al Oscar a la mejor actriz de reparto. Ahora, a sus 76 años, Lily Tomlin tiene ocasión de figurar en el apartado estelar puesto que su trabajo como Elle es uno de los mejores del año, sin duda alguna.

Con una buena aportación general de todo el elenco, también destaca Sam Elliott, marido de Katharine Roos, la chica de El graduado. Con su voz autoritaria da buena réplica de su compañera de reparto hasta el punto de elevar el tono del film y erigir su encuentro como el punto más álgido del mismo.

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From → Cine

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