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Coche policial (Cop Car) (**)

1 diciembre 2015

Dos críos encuentran un coche de policía abandonado y, tras encontrar accidentalmente las llaves, deciden darse una vuelta. Paralelamente, el sheriff entierra un cuerpo y arroja sobre él cal viva antes de que intente dar con el paradero de su vehículo, en cuyo maletero hay un hombre malherido.

Después de rodar El clown, su primer film en solitario, el cineasta John Watts vuelve a la carga con una historia en el que mezcla el thriller con ciertos toques de terror, si bien estos resultan menos abundantes que en su anterior trabajo. Más bien, cae del lado de la comedia negra, con reminiscencias de los Coen de Sangre fácil, aunque con idénticos problemas que presentaba su guion anterior: un buen arranque, innegable sorpresa, aceptable puesta en escena, pero estirada al máximo.

El argumento nos muestra a dos chavales de diez años perjurando en un terreno baldío y saltando una cerca. Se trata de un plano fijo interesante que promete sorpresas agradables. Poco después, Travis –James Freedson-Jackson- y su amigo Harrison –Hays Wellford- encuentran un coche policial sin ocupantes. Con las mismas dudas que le puede plantear a cualquier persona algo desconocido, los chavales se van acercando poco a poco al vehículo hasta que, tras comprobar que la puerta del conductor está vacía, se sientan en él. Cuando las llaves caen del visor superior toman la decisión de dar una vuelta.

La acción se traslada a un poco antes, en el momento en que el sheriff Kretzer –Kevin Bacon-, aparca, abre una cerveza y saca del maletero un cuerpo que arrastra hasta un lugar próximo donde está abierta una fosa. Arroja el fardo y, posteriormente, lo cubre de cal viva hasta que regresa hasta su vehículo y comprueba que ha desaparecido. Desde ese momento, intenta localizar el coche, poniéndose en contacto con su oficina a través de otro canal de radio, robando otro automóvil o mintiendo. Por otra parte, Travis y Harrison descubren que en el maletero hay otra persona, lo que proporciona mayor tensión a la historia.

No hay mucho más. Desconocemos los motivos por los que los dos críos deambulan solos perjurando. Tampoco la situación que llevó a Kretzer a matar a un hombre y malherir a otro. Imaginamos que por problemas de drogas, pero poco más. Atrae la idea de ese misterio. No se necesita mucho más y apenas nos importan las razones. Se producen esos hechos y es lo que hay. Incluso, el final ahonda en esa idea. Sin embargo, dado que la propuesta del film es tan corta, hubiera sido necesario apoyarla con otras circunstancias que completasen la línea principal. Ya fuese con los orígenes o con un desarrollo más enrevesado.

John Watts dirige con esmero. Su puesta en escena es sólida, como lo es también la interpretación, especialmente por parte de Kevin Bacon. Si la cinta hubiera tenido un poco más de profundidad, su figura como policía, con su bigote rubio y sus gafas de sol hubiera podido elevarse hasta convertirse en uno de los iconos de su carrera. No será así porque la película sabe a poco y el misterio que rodea a sus personajes no posee el suficiente calado como atraparnos sin remedio. Podría decirse que, a pesar de sus méritos, termina siendo tan sosa como la descarnada localización de la primera secuencia o el insípido lugar sobre quedó aparcado el automóvil que titula el film.

From → Cine

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