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45 años (45 Years) (*****)

17 diciembre 2015

Un matrimonio septuagenario se dispone a celebrar con sus mejores amigos su 45 aniversario. Pocas fechas antes del acontecimiento, una carta recibida por el marido desentierra la pasión de un amor de juventud. Por primera vez, su esposa tiene dudas y se plantea realmente si su matrimonio contiene únicamente verdades superficiales.

Cinco años antes había participado en La caída de los dioses, pero a Charlotte Rampling le llegó la popularidad de repente gracias a su participación en Portero de noche (1974), a las órdenes de Liliana Cavani. Por su parte, Tom Courtenay, con su segunda película protagonizó una historia mítica en 1962 –La soledad de un corredor de fondo-, y demostró su valía en La sombra del actorThe Dresser, 1983-, por cuyo trabajo fue candidato al Oscar junto a Albert Finney. Ha pasado mucho tiempo. Rampling alternó filmes más o menos interesantes con otros simplemente olvidables. Courtenay se interesó más por el teatro que por el celuloide. Con 69 y 78 años, respectivamente, han encontrados un par de personajes que les permiten mostrar toda su magnificencia como actores. Recompensados en el Festival de Berlín, extraña su ausencia en las nominaciones a los Globos de Oro.

Geoff y Kate Mercer llevan cuarenta y cinco años casados. No pudieron celebrar en compañía de sus amigos su aniversario cuadragésimo porque él tuvo un problema de corazón y le fueron implantados en par de bypass. Por eso festejan un número extraño en ese tipo de acontecimientos. La cita es el sábado, pero el lunes, Geoff recibe una carta en alemán en la que le anuncia que se ha encontrado el cuerpo de Katya, su novia de medio siglo atrás, fallecida cuando pretendían alcanzar territorio italiano. El cadáver se halla en un glaciar suizo de difícil acceso y se ha conservado gracias al hielo.

En las siguientes fechas, los recuerdos del protagonista se vuelven cada vez más extensos, así como su añoranza por aquel amor. Kate, que nunca ha tenido dudas sobre su matrimonio comienza a sospechar, hasta el punto de que elucubra sobre el porcentaje de farsa que puede haber en su familia. Aunque preocupada por otros menesteres, sigue adelante con los preparativos de la fiesta, eligiendo la misma canción para abrir el baile que el día de sus esponsales.

A partir de un relato de David Constantine, el cineasta Andrew Haigh, responsable de la interesante Weekend, ha construido un guion magnífico para firmar un largometraje sin fisuras que le confirma como uno de los talentos británicos actuales. Se puede hablar de referencias bergmanianas, e incluso buscar influencias de otros grandes autores, pero Haigh consigue ser absolutamente personal, indagando con el pulso de un cirujano los más pequeños recovecos del corazón humano y de las relaciones de una pareja estable desde muchos años atrás. Y lo hace con el más perfecto equilibrio. Desde los paseos matutinos de Kate con su pastor alemán, hasta las conversaciones nocturnas compartiendo el lecho conyugal.

Haigh no escatima planos, pero tampoco los regala. Todas las secuencias se muestran tan contenidas como las interpretaciones de sus dos actores principales. Con la experiencia de muchos años de trabajo y una exquisita profesionalidad, firman dos actuaciones soberbias para dos roles sobresalientes. Charlotte Rampling emerge como la esposa que todos quisiéramos tener al sobrepasar los setenta años. Es organizadora, segura de sí misma, pero también solícita y dulce en su parecido más que notable con la Reina Sofía. Courtenay evoca de forma sutil pero a la vez contundente aquel amor inolvidable y la aventura que había iniciado junto a Katya, truncada finalmente por la tragedia.

La situación es amarga, naturalmente, pero suficientemente contenida como para que se disfrute y nos deleite su contenido de alto valor cinematográfico. Contribuyen la música y las localizaciones. Estas últimas, en los Broads de Norfolk, donde Peter Yates, el director de La sombra del actor, consiguió un magnífico plano en Yanquis cuando parecía que un barco norteamericano se deslizaba por en medio de los cultivos. En cuanto a la música, se nutre de temas de los setenta y anteriores, como el Happy Together de The Turtles y Smoke Get in your Eyes, de The Platters. Posiblemente, cuando suena esta canción se le puede achacar a Haigh que estira demasiado el plano. No es problema si se conoce la letra o si se disfruta en versión original subtitulada.

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From → Cine

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