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Palmeras en la nieve (**)

25 diciembre 2015

En 1953, Kilian y su hermano Jacobo viajan a la colonia española de Fernando Poo en la que se encuentra su padre. Allí vivirán momentos felices y aprenderán todo lo necesario sobre el cultivo del cacao hasta que Kilian cruza una línea prohibida y se enamora de una nativa. Años más tarde, su sobrina indaga en secretos que deberían permanecer ocultos.

En el año 2012 la editorial Temas de hoy publicó la novela Palmeras en la nieve, de la oscense Luz Gabás, un relato épico, de amores prohibidos y confrontaciones populares en terrenos exóticos. Tres años más tarde, con guion de Sergio G. Sánchez, el director Fernando González Molina firmó su mejor largometraje hasta la fecha. Para ello contó con su actor fetiche, Mario Casas, protagonista de sus tres trabajos anteriores para la pantalla grande. Desde Fuga de cerebros a Hoy tengo ganas de ti, pasando por Tres metros sobre el cielo e, incluso, la serie El barco.

La historia se centra en Kilian –Mario Casas- y su hermano Jacobo –Alain Hernández-, que viajan a principios de los cincuenta a la colonia española de Fernando Poo, actual isla de Bioko, en Guinea Ecuatorial, donde su padre Antón –Emilio Gutérrez Caba- cultiva uno de los mejores cacos del mundo En la finca Sampaka. Se trata de una tierra muy diferente en comparación  con la España gris de la postguerra que han dejado atrás. Los dos hermanos viven en un auténtico paraíso y aprenden todo lo referente a los cultivos hasta que Kilian se enamora de una nativa, asunto prohibido en aquellos tiempos.

Los dos jóvenes, en un paraje voluptuoso en el que gozan del bienestar de los colonos aprenden el significado de la amistad, la pasión y también el odio. El dramatismo de su historia se traslada medio siglo después, cuando Clarence –Adriana Ugarte- toma la decisión de regresar a Hueca para conocer la tierra de sus antepasados, donde intentará llegar al fondo de una verdad que cambiará su vida. Con su abuelo recién fallecido y su padre aquejado de alzheimer, sus pesquisas serán tan sorprendentes como complicadas.

Fernando González Molina ha cogido un buen relato y ha conseguido un film interesante. Producción española de altos vuelos, con casi tres horas de duración que se hace tediosa por momentos. A pesar de una gran dirección artística, el responsable último no ha sabido sacar el partido que debiera a su intento de seguir los pasos de producciones como Memorias de África, que se queda muy lejana tanto en el tiempo como en su valor cinematográfico. Incluso, a los actores habría que exigirles un poco más, por lo que su ausencia de los finalistas del Goya está plenamente justificada.

Con una imágenes poderosas, tanto de la vegetación y los escenarios tropicales, como de la fría y nevada montaña oscense, lo mejor se encuentra en los detalles técnicos y en la medida canción de Pablo Alborán que, junto a Mario Casas y Adriana Ugarte, conforman el mayor atractivo a priori, dejando aparte el éxito literario del original, muy por encima de su adaptación. Es interesante el contraste de dos mundos muy diferentes. Cuando  Kilian y Jacobo viajan al Continente Negro se encuentran con un ambiente muy distinto al que han dejado atrás. Sin embargo, las circunstancias históricas de la colonia, así como la relación entre los nativos y los colonos, transformarán la relación de los dos hermanos. Luego, en 2003, las circunstancias han cambiado a un lado y otro del estrecho. España tiene otros colores y Guinea Ecuatorial también ha cambiado de forma radical.

Al texto literario, una novela romántica al fin y al cabo, desarrollada en paisajes exóticos, probablemente le sobraba pasión amorosa, que contrastaba con la espléndida descripción de una tierra con ansias de independencia. Se refleja con mucho sentido los tiempos convulsos en los que España perdía sus posesiones en África, y también se muestra con  idoneidad las costumbres, la lengua y el día a día en la colonia. La película intenta reproducir fielmente esos pasajes y lo consigue en un alto porcentaje, pero también se deja llevar por los excesivos amoríos y el intento de expresarlos de forma paralela en el antes y el después.

From → Cine

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