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Papeles en el viento (**)

5 enero 2016

Tres amigos de la infancia lloran la desaparición de un cuarto, quien deja viuda e hija. Precisamente, a esta última pretendía dejarle un buen seguro económico tras invertir en un futbolista llamado a ser grande y que ahora transita por una categoría inferior. Los tres buscan la forma de obtener rentabilidad gracias al muchacho y compartir la patria potestad dela niña.

El título de la película responde a esos papeles recortados que se arrojan en muchos campos de fútbol, principalmente en Argentina, al inicio de los encuentros. Con ellos como referente, la emoción de la amistad, y el fútbol en un segundo plano, aunque no por ello menos importante, Eduardo Achieri llevó a la novela una historia de amistad, de fidelidad y, en cierto modo, de supervivencia. Posteriormente, Juan Taratuto –La reconstrucción la adaptó para el cine junto al autor literario.

Tres amigos, , Mauricio –Pablo Echarri-, El Ruso –Pablo Rago- y Fernando –Diego Perreiti- hablan de fútbol camino de Avellaneda para asistir al funeral de El Mono –Diego Torres-, el hermano de Fernando. Superada la treintena, había querido reengancharse como futbolista de élite, pero sólo pudo adquirir la representación de Pittilanga, un futbolista con futuro prometedor, internacional con Argentina en el Mundial Júnior de Indonesia pero que, a punto de cumplir 21 años, deambula sin pena ni gloria por categorías inferiores. Un delantero incapaz de marcar goles.

El muchacho es la única opción para asegurar el futuro de la hija de El Mono, y que los tres amigos puedan compartir la patria potestad con su madre. Para ello, deberán rentabilizar la inversión de 300.000 dólares que tiempo atrás había efectuado el difunto. Los tres protagonistas llevan a cabo una serie de acciones, la mayoría ilegales, o de dudosa moral, para convencer al mundo de que el goleador, ahora reconvertido en eficiente defensa, es un diamante en bruto.

La cinta juega con tres pilares fundamentales: la amistad, con to lo que ello conlleva; el drama, con los flashbacks en los que aparece El Mono, cuya degradación a causa del cáncer es palpable; y la diversión que facilita el ingenio por llegar a cubrir las metas a base de engaños. El compañerismo de los personajes es, probablemente, el punto más álgido, y a ello colaboran unos actores curtidos, que conocen su oficio y brillan más que sus personajes. A cambio, las mujeres que aparecen en el film lo hacen de forma testimonial. Diríamos que están hasta maltratadas, como la esposa del difunto, que aparece al principio y luego prácticamente se la ignora.

El dramatismo de la enfermedad y muerte del personaje sobre el que gira el guion no alcanza cotas superlativas. El propio Taratuto ha sacado mejor partido a las emociones en filmes precedentes. Las apariciones de El Mono están más cerca de la ternura que del desgarro. El fútbol y su entramado conforman el otro punto que sostiene esta producción. En este aspecto es donde los diálogos consiguen los momentos más brillantes. Magnífica la aparición de Cacho Buenaventura, como padre de Pittilanga, así como la acusación directa a ciertos informadores que elevan o maltratan a profesionales en función del dinero que reciben. Daniel Rabinovich se encarna a uno de ellos, decisivo en la carrera del jugador.

Con altibajos, jugando con emociones, pero manteniéndose en una línea sin demasiados riesgos, con referencias cansinas a las consolas de videojuegos y a la evidencia de falta de recursos, la película se ve más que se disfruta. Recuerda a aquellas propuestas españolas de los sesenta donde los timadores se las ingeniaban para sacar dinero de debajo de las piedras pero que, al final, mostraban un enorme corazón. Especie de Robin Hood modernos que terminaban robando a los ricos para socorrer a los pobres. Pero robando, al fin y al cabo. Como hacen los protagonistas de este film sin grandes pretensiones, que tiene la habilidad de conseguir que el mundo del fútbol, tan reñido con el cine, no desentone. Parece suficiente.

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From → Cine

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