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Joy (***)

8 enero 2016

Joy Mangano es una trabajadora de Long Island que vive con su divorciada madre y su abuela, así como con sus dos hijos pequeños y su ex marido. Desde niña alimentaba el sueño de ser inventora y un suceso en el barco de la novia de su padre le abre el camino para convertirse en uno de los rostros más populares de la venta por televisión en Estados Unidos.

La tercera colaboración continuada entre el cineasta David O. Russell y los actores Jennifer Lawrence y Bradley Cooper resulta la menos brillante de las tres. Da la sensación de que al guion le quedaban cosas por pulir, aunque la cinta se apoya en un elenco compenetrado y repleto de buenos profesionales, lo que mitiga en parte un film que podría haber dado mucho más juego. Aun así, tanto la película como la actriz principal recibieron sendas nominaciones al Globo de Oro.

Joy Mangano –Jennifer Lawrence- es una humilde trabajadora que tiene en su casa a Terry Virginia Madsen-, su madre divorciada –, que veinte años atrás decidió aislarse en su habitación para seguir atentamente las evoluciones de un culebrón televisivo, y a sus dos hijos pequeños. Su media hermana Peggy –Elisabeth Röhm- no pierde la oportunidad de hacerla de menos, todo lo contrario que su mejor amiga, Jackie –Dasha Polanco-. En la casa también vive la abuela Mimi –Diane Ladd-, la única que alimenta los sueños de Joy, que desde pequeña quería ser inventora.

El regreso de su padre, Rudy –Robert De Niro-, obliga a repartir el sótano entre él y el ex marido de la protagonista, Anthony –Édgar Ramírez-, con quien mantiene una extraña convivencia. Como pareja son un desastre, pero su amistad funciona hasta límites insospechados. Cuando Rudy decide buscar una nueva compañera a través de Internet aparece Trudy –Isabella Rossellini-, una mujer bien situada  que será quien, sin pretenderlo, reactive la verdadera vocación de la hija de su nuevo compañero. Un día, en su barco, se cae una botella de vidrio y Joy se corta con los trozos de cristales, lo que le lleva a inventar una fregona que no necesita escurrirse.

Empujada por Trudy y el resto de personajes, la protagonista comienza a fabricar su producto en serie, lo que le lleva a rehipotecar su casa y a presentarse en los estudios de una televisión emergente que se encarga de vender productos novedosos. Al ejecutivo encargado de seleccionar nuevos ingenios, Neil Walker -Bradley Cooper-, le convence el entusiasmo de la recién llegada, pero el primer intento de televenta es un fracaso, lo que se revierte cuando la propia Joy Mangano aparece ante las cámaras para ofrecer su manufactura. Ese fue el camino de una exitosa carrera en la pequeña pantalla, que la llevó a inventar alrededor de cien elaboraciones y a convertirse en una de las caras más populares de la teletienda norteamericana.

David O Russell vuelve a hacer gala de una puesta en escena más que correcta y de un movimiento de personajes que parece fácil por su capacidad para conseguirlo. Una vez más, nos encontramos con caracteres chispeantes, capaces de causar una ventolera por sí mismos. Casi todos brillan por su personalidad de ida y vuelta, al tiempo que deben dar las gracias a un elenco de actores que los hacen mucho más redondos. Especialmente, Jennifer Lawrence, todo un monstruo interpretativo, que continúa una hipotética línea iniciada por Greta Garbo y continuada por Meryl Streep. Sin embargo, el guion no es tan certero como en ocasiones precedentes y da la sensación de que necesitaría una vuelta de tuerca.

Hay secuencias que parecen de relleno y otras que nos dejan con ganas de más. La primera parte, todo un folletón, parece discurrir a menos velocidad que la continuación, cuando Joy se luce por primera vez en la pequeña pantalla. Su capacidad inventiva pasa casi de soslayo, centrándose en su primera apuesta. Igualmente, hay personajes que no están tan bien definidos como el resto. El de Bradley Cooper, por ejemplo, parece demasiado plano. No concuerda demasiado con su puesto y mucho menos con el desarrollo de la historia. Igualmente, el ex marido de Joy necesitaría una mayor profundidad.

La música, llena de ritmos de los setenta, ayuda a un conjunto que parece bastante más de lo que es. Los intérpretes, la dirección de O. Russell y la fotografía de Linus Sandgren son puntos positivos para que esta comedia dramática, con más de lo segundo que de lo primero, sea resultona. La vorágine habitual de su autor es más contenida en este caso, lo que ayuda al espectador a digerirla convenientemente. Una trampa agradable, urdida con mesura.

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From → Cine

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