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La chica danesa (The Danish Girl) (***)

14 enero 2016

Einar y Gerda Wegener fueron dos artistas daneses unidos por la pintura y el matrimonio. Su apacible vida dop un giro absoluto cuando el marido sustituyó a una modelo femenina para un cuadro de su esposa. Desde ese momento aceptaron un juego de imprevisibles consecuencias que situó a Einar como un referente del mundo transexual.

El éxito cinematográfico del director Tom Hooper se produjo a raíz de El discurso del rey y se asentó con Los miserables. Pocos hacen referencia al mejor largometraje sobre fútbol rodado hasta la fecha, The Damned United, pero sí que resulta evidente la predisposición para que de su mano brillen las adaptaciones literarias y, sobre todo, salvo en el caso de la novela de Victor Hugo, lo concerniente a personajes reales. En este caso se conjugan las dos premisas: una novela de David Peace como punto de partida, tamizada por el guion de Peter Morgan, y un referente histórico como el caso del pintor Einer Wegener.

El artista danés –Eddie Redmayne- vivía un idilio absoluto con su esposa Gerda –Alicia Vikander-, que no conseguía traspasar la barrera de las exposiciones porque sus modelos no terminaban de satisfacer a los marchantes. Cuando le pide a su esposo que utilice ropas femeninas para dar los últimos retoques a una de sus obras, él siente que en su cuerpo se revitalizan ciertas inclinaciones de juventud al tiempo que ella consigue cotas hasta el momento inalcanzables en su carrera.

Einar, cada vez más, siente la tentación de vestirse de mujer y, con la aquiescencia de Gerda,  aparece en su primer acto público como Lili, su supuesta prima. En una fiesta organizada por su amiga Ulla –Anber Head- vive sus primeros escarceos con un hombre –Ben Whishaw- hasta que el matrimonio se traslada a París, donde continúa el éxito de la pintora. En la capital francesa vive Hans Axgil –Matthias Schonaerts-, a quien Einar besó cuando era niño. La diferencia de sexualidad entre uno y otro es evidente, aunque para entonces, el artista nórdico ya se veía a sí mismo como una mujer atrapada en un cuerpo de hombre, lo que le llevó a contactar con el médico alemán Warnerkros –Sebastian Koch-, que en la localidad germana de Drede se había convertido en pionero de operaciones de cambio de sexo.

Tom Hooper se luce en su puesta en escena, con imágenes que asemejan auténticas pinturas. Saca brillo al puerto de Copenhague y también a sus edificios más representativos y a unas calles visualmente atractivas gracias a su sensible mirada. Pero la película avanza con lentitud y sin sorpresas. Cualquier espectador se imagina de antemano lo que va a suceder en la secuencia siguiente y el guion se convierte en una rémora importante a pesar de los esfuerzos del director y de la aportación de sus dos actores protagonistas.

Después del Oscar por La teoría del todo, Eddie Redmayne se entrega en cuerpo y alma a representar con convicción sus dos personajes. Como hombre, su apariencia es frágil, como mujer, da un auténtico curso de travestismo cinematográfico. Tanto por sus ademanes como por su figura. Aunque si juzgamos todo el conjunto su actuación es un tanto irregular, con momentos en los que el ate fluye de forma natural y otros en los que resulta más anodino, su actuación se puede calificar de muy interesantes. En todo caso, bastante por debajo de su compañera de reparto, Alicia Vikander.

La protagonista de Ex Machina y de Un asunto real, confirma todas las expectativas puestas en su carrera. Se muestra desenvuelta, fuerte y roba de forma exagerada todos los planos en la primera parte del film, hasta que aparece bastante más insegura y desconcertada debido a los juegos peligrosos que han emergido en su matrimonio. Después, se muta en vulnerable, pero mantiene la fortaleza interior del inicio debido al amor que profesa por Einar, a quien acepta sin cortapisas como Lili. Sin duda, una de las mejores actuaciones del año, que justifica su primera candidatura al Globo de Oro. No está sola en el intento, ya que también han sido destacados en esos galardones el propio Redmayne y la partitura de Alexandre Desplat, que se muestra elegante, correcto y tan inspirado como casi siempre a lo largo de su carrera.

From → Cine

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