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Los odiosos ocho (The Hateful Eight) (****)

15 enero 2016

Los odiosos ocho: En las profundidades del western

Los variopintos pasajeros de una diligencia se ven obligados a desviar su ruta a causa de un intenso temporal de nieve. Poco después de la Guerra Civil norteamericana, en el establecimiento en el que se juntan con otros viajeros, la tensión irá aumentando hasta que tiene lugar un irrefrenable enfrentamiento.

La pasión de Quentin Tarantino por el séptimo arte le ha llevado a profundizar en historias convencionales a las que ha extirpado sus entrañas después de empaparse en ellas. Es como ese guerrero que se embadurna con la sangre de su enemigo o devora sus entrañas para incorporar a su interior la fuerza del vencido. Lo ha vuelto a hacer. Esta vez se ha metido de lleno en el western para relatarnos una historia de odio y venganza. Un puesta en escena que dura casi tres horas y que no cansa en ningún momento, que recurre a su habitual violencia, aunque sobrepasada la mitad de la película, y que alberga diálogos tan brillantes como los que han perdurado de Pulp Fiction. Probablemente, sea una película para disfrutarla una vez y degustarla en un segundo visionado, aunque pare ello se necesiten seis horas y un intermedio para solazarnos y comernos el correspondiente bocadillo.

Casi todo florece en esta producción, aunque no pueda tildarse como lo mejor de su autor. Hay, eso sí, una serie de elementos que rayan la perfección. Hemos aludido a los diálogos, mejores sustancialmente que el guion, repletos de frases aparentemente banales que son ciertamente inteligentes. Hay que añadir el trabajo de Jennifer Jason Leigh como la maligna Domergue, la convicta que es conducida a Red Rock por John Ruth –Kurt Russell-, un cazador de recompensas para que sea ahorcada. El tercer punto más álgido de esta producción es la música de Ennio Morricone. El italiano se reafirmó en que no quería volver a trabajar con Tarantino. Afortunadamente dio marcha atrás y nos ofrece una de las mejores partituras de una extensa y brillante carrera que luce especialmente al inicio.

En los paisajes nevados de Wisconsin, una diligencia conducida por OB Jackson –James Parks-aparece de izquierda a derecha para que se encuentren el Mayor Marquis Warren –Samuel L. Jackson-, que lleva varios cadáveres en uno de sus caballos, y John Ruth, que lleva esposada a Domergue. Son dos cazadores de recompensas que entienden de distinta forma la leyenda de vivo o muerto. Es el inicio del primero de los seis capítulos en los que se divide el film. No hay ocho, el título responde al número ordinal en la filmografía de su autor. Obligados por el temporal, se detienen en la Mercería Minnie, en la que se encuentran a otros viajeros: Oswaldo Mobray –Tim Roth-, Jose Gage –Michael Madsen-, el General Sandy Smithers –Bruce Dern- y Josy –Channing Tatum-. Previamente, se había unido a los caza recompensas el próximo sheriff de Red Rock, Chris Mannix, incorporado por un Walton Goggins que le roba muchas escenas a Samuel L. Jackson.

La Guerra de Secesión hace poco que ha terminado pero entre algunos personajes las heridas no se han cerrado. Sus recelos no tienen nada que ver con la construcción del ferrocarril, la inmigración oriental o los indios. Cada uno tiene motivos para la violencia en mayor o menor medida, por lo que ésta aparece y lo hace, como casi siempre en los trabajos del autor, de manera exagerada, principalmente en la sangre, y en el principal personaje femenino, a la que vemos con un ojo morado desde el principio y que se lleva los mayores golpes de esta historia.

Los odiosos ocho: En las profundidades del western

Los variopintos pasajeros de una diligencia se ven obligados a desviar su ruta a causa de un intenso temporal de nieve. Poco después de la Guerra Civil norteamericana, en el establecimiento en el que se juntan con otros viajeros, la tensión irá aumentando hasta que tiene lugar un irrefrenable enfrentamiento.

La pasión de Quentin Tarantino por el séptimo arte le ha llevado a profundizar en historias convencionales a las que ha extirpado sus entrañas después de empaparse en ellas. Es como ese guerrero que se embadurna con la sangre de su enemigo o devora sus entrañas para incorporar a su interior la fuerza del vencido. Lo ha vuelto a hacer. Esta vez se ha metido de lleno en el western para relatarnos una historia de odio y venganza. Un puesta en escena que dura casi tres horas y que no cansa en ningún momento, que recurre a su habitual violencia, aunque sobrepasada la mitad de la película, y que alberga diálogos tan brillantes como los que han perdurado de Pulp Fiction. Probablemente, sea una película para disfrutarla una vez y degustarla en un segundo visionado, aunque pare ello se necesiten seis horas y un intermedio para solazarnos y comernos el correspondiente bocadillo.

Casi todo florece en esta producción, aunque no pueda tildarse como lo mejor de su autor. Hay, eso sí, una serie de elementos que rayan la perfección. Hemos aludido a los diálogos, mejores sustancialmente que el guion, repletos de frases aparentemente banales que son ciertamente inteligentes. Hay que añadir el trabajo de Jennifer Jason Leigh como la maligna Domergue, la convicta que es conducida a Red Rock por John Ruth –Kurt Russell-, un cazador de recompensas para que sea ahorcada. El tercer punto más álgido de esta producción es la música de Ennio Morricone. El italiano se reafirmó en que no quería volver a trabajar con Tarantino. Afortunadamente dio marcha atrás y nos ofrece una de las mejores partituras de una extensa y brillante carrera que luce especialmente al inicio.

En los paisajes nevados de Wisconsin, una diligencia conducida por OB Jackson –James Parks-aparece de izquierda a derecha para que se encuentren el Mayor Marquis Warren –Samuel L. Jackson-, que lleva varios cadáveres en uno de sus caballos, y John Ruth, que lleva esposada a Domergue. Son dos cazadores de recompensas que entienden de distinta forma la leyenda de vivo o muerto. Es el inicio del primero de los seis capítulos en los que se divide el film. No hay ocho, el título responde al número ordinal en la filmografía de su autor. Obligados por el temporal, se detienen en la Mercería Minnie, en la que se encuentran a otros viajeros: Oswaldo Mobray –Tim Roth-, Jose Gage –Michael Madsen-, el General Sandy Smithers –Bruce Dern- y Josy –Channing Tatum-. Previamente, se había unido a los caza recompensas el próximo sheriff de Red Rock, Chris Mannix, incorporado por un Walton Goggins que le roba muchas escenas a Samuel L. Jackson.

La Guerra de Secesión hace poco que ha terminado pero entre algunos personajes las heridas no se han cerrado. Sus recelos no tienen nada que ver con la construcción del ferrocarril, la inmigración oriental o los indios. Cada uno tiene motivos para la violencia en mayor o menor medida, por lo que ésta aparece y lo hace, como casi siempre en los trabajos del autor, de manera exagerada, principalmente en la sangre, y en el principal personaje femenino, a la que vemos con un ojo morado desde el principio y que se lleva los mayores golpes de esta historia.

John Ford está presente en muchos momentos, incluido el casi olvidado formato Panavision en una propuesta que, una vez que se aparta de la nieve se sumerge prácticamente durante más de una hora en un solo decorado, las cuatro paredes de la aislada tienda como si de una obra teatral se tratase, en la que luce, lo mismo que al principio, la fotografía del reputado Robert Richardson y regresa el talento del maestro Morricone. El recuerdo de John Ford permanece, como también, según palabras del propio Tarantino, las series televisivas de Bonanza o El Virginiano en la que un episodio de cada temporada veía como unos forajidos retenían a los protagonistas en su propia casa. Todo ello entre personajes engañosos y otros que van de cara pero que en ambos casos terminan sucumbiendo, o propiciando, a una espiral de violencia. Una película fiel a la línea de su autor, en apariencia sustancial pero que sólo el tiempo dirimirá cuánto.

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From → Cine

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