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Cuando cae la nieve (Despite the Falling Snow) (**)

26 enero 2016

En los años 50, Katya es una espía norteamericana residente en Moscú que termina enamorándose de una joven promesa del gobierno soviético. Cuando éste forma parte de una delegación de su país que visita Estados Unidos consigue desertar apoyado por la Administración norteamericana.

Dicen el refrán que año de nieves, año de bienes. Si le hacemos caso, la cosecha cinematográfica de esta temporada debe ser buenísima. Aun a pesar de haber vivido el invierno más cálido que se recuerda, la nevisca hace su acto de aparición en bastantes películas que se estrenan por estas fechas. Es una constante en Los odiosos ocho, no se olvida en Spotgight ni  En la verdad duele. Tampoco en Creed, ni mucho menos en El renacido. Por si fuera poco, se estrena Cuando cae la nieve, con financiación de dos países, Serbia e Inglaterra.

El tercer largometraje de la británica Shamim Sarif recrea una historia de amor imposible en la época de la Guerra Fría, cuando las dos súper potencias habían iniciado una escalada armamentística de imprevisibles consecuencias. Partiendo de una novela homónima escrita por la propia cineasta,  por primera vez cede el protagonismo a un amor heterosexual, dejando en un segundo plano las amistades lésbicas, como sucedía en las dos trabajos cinematográficos anteriores de esta militante, casada con la productora Hanan Kattan después de cuatro lustros de convivencia.

La historia impresa vio la luz en 2004 y la propia autora se encargó también de su adaptación a la gran pantalla, lo que constituye su principal problema. Muchas veces es aconsejable un vistazo exterior que ayuda a limar defectos, como los de un montaje extremadamente picado en los primeros minutos y un interés loable, aunque demasiado convulso, por llevar la sorpresa al espectador en cada una de las secuencias. En un melodrama como el que al final se convierte la cinta también es necesario que el espectador mastique un poco la historia y no que le aceleren mediante la envoltura de thriller que alberga la relación principal.

En los años 50, Alexander –Sam Reid/Charles Dance- forma parte de una delegación soviética de visita a Estados Unidos. Con ayuda del Gobierno norteamericano, representado por Anna –Anne Kid- consigue desertar. Cuarenta años después, vive al otro lado del Océano, entregado a la restauración, cuando recibe la visita de su sobrina Lauren –Rebecca Ferguson-, que planea una exposición de sus cuadros en Moscú. Allí conoce a una famosa periodista, Marina –Antje Traue-, quien le ayudará a desvelar el secreto de su familia.

Durante la Guerra Fría, su tía Katya, con quien guarda gran parecido físico y no en vano está encarnada por la propia actriz, ejercía como espía norteamericana. Bajo la tapadera de una eficiente trabajadora en las oficinas de instituto, pasaba secretos al enemigo  después de que sus padres hubieran muerto bajo el mandato estalinista. Cumplía las órdenes de su jefe de grupo, Misha –Oliver Jackson-Cohen/Anthony Head-, amigo de Alexander, por quien pasaban documentos del Gobierno debido a la relación que mantenía con su tío Dimtri –Thure Lindhardt-, número tres del Ministerio de Asuntos Exteriores, y su valedor. Por eso Misha pide a Katya que se acerque al joven político, pero su proximidad fue tanta y tan fuerte que terminaron convirtiéndose en esposos poco antes de que Alexander, un comunista convencido, viajase a Estados Unidos.

La acción se desarrolla a intervalos, pasando de los años 50 a los 90 con saltos continuos que para nada desvirtúan un relato bastante sólido en lo que se refiere al melodrama y mucho más vulgar en la intriga. La recreación del Moscú tras la caída de Stalin sería más creíble si no se repitieran los mismos exteriores aunque se trate de diferentes momentos horarios. La interpretación ayuda a fraguar el conjunto, especialmente por parte de la protagonista femenina, Rebecca Ferguson, que asume con naturalidad los dos personajes que constituyen sendos ejes de las dos tramas que se plantean. Como la Katya morena hay momentos que recuerda la belleza de Ava Gardner, y como Lauren, la que fuera compañera de Tom Cruise en su última Misión imposible, resulta tan entregada como creíble.

From → Cine

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