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Zoolander 2 (***)

10 febrero 2016

Zoolander 2: Un entretenido prête à porter

Cantantes de fama mundial aparecen asesinados y todos, antes de morir, difunden en las redes sociales una mirada enigmática. La Interpol supone que Derek Zoolander, ahora retirado, es quien puede descifrar el misterio. El hecho coincide con la llegada a Roma del modelo, y de su compañero  Hansen McDonald, invitados a un  enigmático desfile.

Tan solo el anuncio del estreno de esta película nos ponía el vello de punta. Sin embargo, la gira europea de sus protagonistas y la enorme suma de dinero gastada en su promoción hacían que dudásemos de nuestras primeras impresiones. Bien mirado, Ben Stiller, protagonista y máximo responsable del film a todos los niveles, no puede ser catalogado de mal director. Mantuvo muy dignamente el tipo en Tropic Thunder y llegó a su máximo nivel, por ahora, en La vida secreta de Walter Mitty.

El inicio es sorprendente. Un personaje enfundado en un chándal es perseguido por dos motoristas. En una secuencia trepidante pronto descubrimos que es Justin Bieber quien quiere salvar su vida. Llega incluso al portal de la casa de Sting, pero es acribillado a balazos. Antes de exhalar su último suspiro difunde un selfie por las redes sociales mostrando una mirada enigmática que, según Valentina Valencia –Penélope Cruz-, la responsable de Interpol, sólo puede ser descifrada por Derek Zoolander –Ben Stiller-.

El problema es que el modelo ahora se hace llamar Eric Toolander y vive aislado después de la muerte de su esposa ocurrida al desmoronarse un edificio que él mismo había construido. Poco después, una negligencia fue suficiente para que le quitaran la custodia de su hijo. En el mismo accidente recibió una herida en el rostro Hansel McDonald –Owen Wilson-, quien también decidió aislarse. Vive con un grupo de hombres y mujeres llamado Orgía y que encabeza Kiefer Sutherland. Curiosamente, ambos reciben la visita de Billy Zane, quien porta una invitación de Alexanya Atoz – Kristen Wiig- para desfilar en Roma con diseños de Don Atari –Kyle Monney- y compartiendo honores como Todo –Benedict Cumberbatch-, una especie de andrógino que se ha casado consigo mismo.

A esas alturas, la película se había transformado en un auténtico desmadre. Todo exageración, pero aceptable porque el referente principal era la parodia. Se pone patas arriba el mundo más frívolo de la moda y, para que no nos demos cuenta de la superficialidad que rezuma el conjunto, nos entretenemos con los cameos, tanto de actores como de músicos o personajes famosos que desfilaban por la pantalla. Una constelación interminable que aglutinaba personalidades tan dispares como Lewis Hamilton, Kim Kardashian, Jourdan Dunn, Tommy Hilfiger, Valentino, Susan Sarandon y el propio Sting. Además, en el reparto, interpretando a distintos personajes, aparecen, entre otros, Nathan Lee Graham, Christine Taylor, Olivia Munn, Kanye West, Cyrus Arnold y Justin Theorux, coguionista del film.

La historia navega entre lo increíble y lo disparado, pero no deja de amenizarnos en ningún momento. Todo se acepta por el elenco y la distorsión de la realidad, con un evidente sentido del humor que, aunque lejos de hacerlo creíble, satisface a todo tipo de público. Por ejemplo, el personaje de Penélope Cruz, aun apellidándose Valencia nació en Albacete. Podíamos hablar de una especie de Mi gran noche, el último trabajo de Alex de la Iglesia, pero con el sentido del espectáculo de Hollywood. Lo cutre y el cartón piedra se sublima por el espectáculo que, sin duda, contiene este film hasta la parte final, cuando aparece Mugatu –Will Ferrell- convertido en el villano de turno.

Las Termas de Caracalla sirven como teórico escenario a unja reunión que parece sacada de los filmes más burdos de terror, con reminiscencias de Stanley Kubrick. Todo para que los tres intérpretes principales se adornen con sus muecas ensayadas ante el espejo y sus bailes pasados de moda. Fuegos de artificio que resultarían baldíos si no fuera porque descubrimos en el entorno a varios de los más acreditados diseñadores que se utilizan para que pasemos por alto las tonterías de un guion que a esas alturas ya se ha ido de las manos y una puesta en escena demasiado simple dentro de lo convencional.

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From → Cine

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