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El abrazo de la serpiente (****)

23 febrero 2016

En 1904 un científico alemán conoció a un chamán de la Amazonía colombiana. En 1940 un docto norteamericano penetra en los mismos parajes al encuentro de una flor que pueda curar su extraña enfermedad. Allí se encuentra con el mismo chamán, quien decide ayudarle siempre y cuando el extranjero le ayude a buscar a los supervivientes de su tribu.

Nos encontramos, sin duda, ante la película sudamericana del año. Candidata al Oscar, ganadora de cuatro premios Fénix y de un auténtico rosario de galardones. Se basa libremente en las memorias de dos científicos, el alemán Theodor Koch-Grünberg –Jan Bijvoet-, que viajó a la Amazonía colombiana en 1904, y el estadounidense Richard Evans Shultes –Brionne Davis-, que lo hizo en 1940. Ambos se encontraron, en circunstancias muy distintas, con un chamán llamado Karamakate. Joven a principios del siglo XX –Nibio Torres-, y en el umbral de la senectud cuando la historia deambula por su núcleo central –Antonio Bolívar-.

La llegada del norteamericano hace que Karamakate reviva la historia primigenia, cuando brindó su amistad a Theodor y resultó finalmente engañado. Al tropezarse con Evans, se ha convertido en un chullachaqui; es decir, un hombre vacío, sin recuerdos ni emociones. Es el único superviviente de su tribu y sus conocimientos están a punto de perderse para siempre. Las circunstancias han cambiado mucho respecto al primer expedicionario. El chamán siente que todos los que le rodean son sus enemigos. Desde el pasado ancestral, con la llegada de los españoles, hasta las gentes de distintas fronteras y, sobre todo, la invasión del hombre blanco para hacerse con el caucho, al que el indígena define como la muerte. Para él sólo la selva tiene sentido y el significado de libertad.

Evans pretende encontrar una flor mítica, la yakruna, que podría aliviar su extraña enfermedad, pero cuenta con el rechazo inicial de Karamakate. Éste solamente se decide a ayudarle cuando le arranca al yanqui la promesa de que le ayudará a encontrar a su gente. Entonces, inician un viaje río arriba, un camino iniciático en el que cada uno encontrará la revelación en su interior. Después de dos largometrajes interesantes, Ciro Guerra firma su mejor trabajo. La fotografía en blanco y negro, así como la proyección en 35 milímetros proporcionan una visión muy distinta, a la vez que grandiosa, de la selva. Cada fotograma es de una belleza que sorprende y nos remite a las antiguas fotografías de los exploradores que se aventuraron por esos parajes en la primera mitad del siglo XX. Colabora la espléndida partitura de Nascuy Linares, que proporciona una mayor profundidad a una producción cuya dirección artística también resulta admirable.

Como sucedía en La selva esmeralda o, en menor medida, en Los últimos días del edén, la cinta pone de manifiesto la destrucción ecológica causada por el colonialismo. Sin embargo, la historia está mucho más cerca de la visión en la que Francis Ford Coppola transformó el relato de Joseph Conrad en Apocalypse Now. En ambos casos, los protagonistas ascienden río arriba. Da igual que se trate del Mekong o del Amazonas. Remontar el curso fluvial es un desafío para uno mismo, para la liberación personal, pero también para encontrarse con el mal. Marlon Brando se convirtió en poco menos que un dios, y lo mismo sucede con la comunidad evangélica con la que se topan Evans y el chamán. Un joven brasileño se ha erigido como un ser supremo lujurioso e impío.

Es la locura que impone la soledad, lo desconocido, lo nunca hollado. De la misma forma que un alpinista puede encontrar la enajenación en una montaña cautivadora, los protagonistas de El abrazo de la serpiente la encuentran en la selva impenetrable, como el Kurz de Conrad, o los Aguirre y Fitzcarraldo de Werner Herzog. La obsesión lleva al desvarío mientras que la yakruna se erige como símbolo de vida, de la utopía, de las siete ciudades de oro, de Cíbola o Eldorado.

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From → Cine

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