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La habitación (Room) (****)

25 febrero 2016

Una mujer lleva siete años recluida en un cobertizo, secuestrada por un tipo que la tiene secuestrada junto a su hijo, quien no conoce otra cosa que esas cuatro paredes y una imagen del mundo distorsionada por la televisión. Cuando el pequeño tiene edad suficiente como para hacer preguntas, su madre planea una forma de huir.

Este film, uno de los más galardonados de la temporada, surge a raíz de una novela publicada en 2010 por Emma Donoghue, una irlandesa residente en Canadá que, a la postre, fue quien adaptó su propio relato a la pantalla para que Lenny Abrahamson se encargase de su puesta en escena. La pieza literaria fue finalista del Premio Brooker y se convirtió en un best-seller antes de que su autora efectuase su primera incursión en el séptimo arte. Previamente se había responsabilizado de varios guiones cinematográficos, al margen de diferentes textos teatrales.

La versión fílmica, recortada con respecto a la novela, nos presenta a Joy Newsome, Ma –Brie Larson-, que se encuentra recluida en un cobertizo cuya única salida al exterior es una puerta que posee una clave a la que no tiene acceso y una claraboya. El viejo Nick –Sean Bridgers- la tiene encerrada allí desde hace siete años, cuando la secuestró mediante un ardid. Desde ese día la visita casi todas las noches con independencia de la existencia de Jack –Jacob Tremblay-, un niño que acaba de cumplir cinco años y al que Ma resguarda en un armario cuando prevé la visita del hombre, quien les proporciona lo más elemental para su subsistencia, incluida una televisión, a través de la que el niño posee una visión sesgada de la realidad exterior.

A través de sus palabras y de sus acciones conocemos su entorno. Mientras Joy  sueña con regresar junto a su familia a la casa con un columpio en el porche, para su hijo aquello es el mundo. Cuando, gracias a una estratagema, consiguen abandonar su cautiverio, el pequeño apenas da crédito a la verdad que se muestra ante sus ojos. Sin embargo, echa de menos lo que ha sido su hábitat desde su nacimiento. A través de una serie de preguntas y de que muestre un interés cada vez mayor, su madre advierte que está preparado para un nuevo peldaño en su educación.

Con sólo tres personajes, la primera hora resulta fascinante. También aterradora una vez que tomamos conciencia de la realidad en la que viven sus protagonistas. La puesta en escena, muy lejos de poseer las aspiraciones de una gran producción, se transforma en un relato vibrante, emotivo pero nunca lacrimógeno, tenso aunque sin volcarse en  la exageración. A ello colaboran de manera extraordinaria sus dos intérpretes principales. Brie Larson pasó casi desapercibida en Y de repente tú, y apenas podía lucir mucho más con su papel en El jugador, pero gracias a este trabajo se ha llenado de premios y de elogios. No es para menos. En un año de grandes interpretaciones femeninas, ella es una integrante del podio por derecho propio. Y si a su brillante trabajo se le ha hecho justicia, no se ha medido por el mismo rasero al joven que la aqcompaña. Rick Schroeder no estaba en Campeón mucho mejor que Jacob Trenmblay en La habitación.

La segunda parte es la de la adaptación a la vida social una vez que madre e hijo han sido liberados. Jack se encuentra sumido en una realidad mucho más gran de lo que había pensado, casi infinita, y la timidez se apropia inicialmente de sus actos. Para Joy la situación es mucho menos agradable de lo que esperaba. Sus progenitores no viven en la misma casa y se han separado a consecuencia del secuestro. Mientras su padre –William H. Macy- no puede mirar a la cara a su niño, su madre –Joan Allen-, que ahora comparte su vida con un viejo amigo –Tom McCamus-, intenta ganarse la confianza del pequeño. Un mundo nuevo se abre para Jack, al tiempo que Joy ve como todo a su alrededor se desmorona entre pastillas, entrevistas para la televisión y unos recuerdos de los que no puede evadirse.

Esta segunda hora de metraje sigue siendo igual de perturbadora y el director Lenny Abrahamson se muestra igual de eficiente tanto en escenarios constreñidos como en espacios abiertos. El guion regatea algunas situaciones y tiende hacia la ternura y la comprensión en su parte final. Quizá, echemos en falta algo de tensión en un posible enfrentamiento posterior del espectador y su víctima, así como una radiografía más profunda de la evolución personal y psicológica de sus dos caracteres principales. Pero funciona, y lo hace hasta el punto de que Larson y Tremblay consiguen que nos olvidemos de cualquier otra posibilidad que no sea la mostrada en el celuloide. El resultado es una gran película, entre las diez mejores del año.

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From → Cine

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